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Wilbert Torre
López Obrador en Washington: ¿Un hombre nuevo? PDF Imprimir E-mail
Washington, EE UU - Sociedad
  
Miércoles, 12 de Octubre de 2011 05:02
Andrés Manuel López Obrador no se parece al hombre peligro que en cada paso levantaba una estela de provocaciones y actitudes explosivas hace seis años. El martes 11 de octubre llegó a la capital de los Estados Unidos con un look renovado: traje gris impecable, modales de diplomático y la lengua contenida. Quizá lo más estridente de su apariencia es la corbata que lleva puesta, una lengua de seda rojo carmesí. 

Esta visita del aspirante a la candidatura presidencial del PRD en México, forma parte de una gira de trabajo que esta semana ha emprendido por Washington y Chicago para continuarla este jueves 13 de octubre en Madrid, con el fin de dar a conocer entre la comunidad mexicana que viven en esas ciudades, su proyecto MORENA (Movimiento Regeneración Nacional). 

En Washington, el López Obrador de estos días cita al presidente Roosevelt y declara una relación cordial con los Estados Unidos. Dice que en los últimos años mantuvo un diálogo constante con todos los embajadores del país vecino, hasta Tony Garza. A Carlos Pascual nunca pudo verlo.

López Obrador aspira a ser el candidato presidencial de la izquierda mexicana.López Obrador aspira a ser el candidato presidencial de la izquierda mexicana.
“Ya envié un mensaje al nuevo embajador y espero verlo pronto entregando cheques para el desarrollo. Con Estados Unidos no tengo ningún problema”, dice en el centro de una nube de reporteros, cámaras televisivas y jóvenes mexicanos expatriados que vinieron a pedirle una foto, un autógrafo. 

“Lo veo más en el centro político”, lo provoca un periodista y López Obrador parece en guardia, listo para el ataque. Pero hoy no será así. El tabasqueño, aficionado al béisbol y a Chico Che, luce tranquilo y sonriente como un turista en Disneylandia. 

“No soy como me pintan”, responde casi por instinto. “Han distorsionado mi imagen quienes me ven con malos ojos, porque no les conviene que exprese la realidad del país. Me han creado una leyenda negra”. Hoy López Obrador enseña los dientes sólo para sonreír. 

Maquiavelo dijo que no hay nada más difícil de emprender, más peligroso de conducir y más incierto que tomar la iniciativa de cambiar. ¿López Obrador es un nuevo hombre? ¿Qué ha cambiado y por qué? ¿O es el mismo en versión light? 

Por lo pronto sus pasos son diametralmente distintos a los de hace seis años. En la campaña de 2000 se volcó sobre el país y se empeñó en mirar sólo hacia dentro y hacia abajo. Hoy, en los prolegómenos de las campañas, su mirada se ha dirigido hacia otros puntos cardinales: los empresarios en Monterrey. Los Estados Unidos. De hecho, esta es la segunda visita a EEUU en menos de cuatro meses y España, este jueves.  

El nuevo López Obrador tiene pasaporte. 

El país y su circunstancia en los ojos del candidato que perdió la elección por 250 mil votos, el número de habitantes de la delegación Magdalena Contreras: 

“Raro sería que no hubiera violencia después de más de 20 años sin crecimiento y empleos. Soy un mexicano que como muchos desea un cambio. No quiero violencia y esto no es un discurso. No nos pueden acusar de ser violentos. Nos robaron la presidencia y no se rompió un vidrio”. 

Dice que su divisa en estos años ha sido el cambio por la vía pacífica. 

En la capital del imperio, al nuevo López Obrador sólo le ha faltado decir: “Amor y paz”. Sólo al final, antes de despedirse, soltará una andanada de latigazos que recordarán al hombre que, en palabras de sus adversarios políticos y algunos empresarios, representaba hace cinco años (¿seguirán pensando lo mismo?) un peligro para México. 

Llegó a la capital de los Estados Unidos la noche del lunes. Lo recibió Lázaro Cárdenas Batel, que vive, estudia y de vez en cuando sacude las percusiones en algún bar de Washington DC. 

La mañana del martes tuvo un desayuno privado con los directivos del Woodrow Wilson Center. Después, el discurso que pronunciaría ante un centenar de personas, una pieza que parecía construida con un cuidado artesanal. Como si hubiera pesado y medido el significado de cada una de sus palabras. 

AMLO visita EEUU por segunda ocasión en cuatro mesesAMLO visita EEUU por segunda ocasión en cuatro meses
“La nuestra es una relación compleja, con periodos de comprensión y entendimiento”, saludó López Obrador al público, de pie ante un atril de madera. A sus espaldas se alzaba una bandera de los Estados Unidos. La sala estaba llena. Había jóvenes estudiantes de medicina, política y economía llegados de México hace algunos años. 

Hablaba con los brazos sobre el atril, con el tono terso de un sacerdote. Nunca levantó la voz ni lanzó una de sus clásicas declaraciones incendiarias de la campaña de 2000. Ni siquiera cuando desde el público alguien le preguntó: 

“¿Si llega a la presidencia llevaría a Calderón ante las cortes internacionales para que se le juzque por la muerte de 40 mil mexicanos?”. 

Un aplauso invadió la sala, y después se hizo un silencio expectante como esos que anteceden los momentos esperados. Pero la ovación que se escuchó en la sala se estrelló con el López Obrador de estos días. Él y su lengua contenida: 

“Buscamos justicia, no venganza. Queremos ver hacia adelante. No nos mueve el odio y el rencor”, dijo y su voz sonó más serena aún. Y luego, como si quisiera evitar la menor duda: “Queremos crear condiciones distintas, llegar a un acuerdo con todos. No habrá persecución cuando triunfe nuestro movimiento. Pero ya no mandarán los que se dedican a saquear al país”. 

López Obrador, precandidato presidencial, salió de la sala cubierto por un aplauso cálido. Al pié de las escaleras lo esperaban mexicoamericanos que luchan por los derechos humanos y otros que buscan la manera de impulsar a Morena, el movimiento que encabeza, desde los Estados Unidos. 

En el pasillo, un periodista le preguntó cuáles son los principios de su política exterior. Sin pensarlo, dijo: “El respeto al derecho ajeno es la paz. Juárez supo defender la soberanía”. 

Después, debajo de una escultura de papel que parecía una lluvia de confeti sobre su cabeza, López Obrador respondió otras preguntas. Dijo que no se opone a la legalización de las drogas, pero que habría que pensarlo porque los cárteles se desplazarían a otras actividades criminales. 

Casi al final, un periodista le picó la cresta. Y sólo entonces, López Obrador, el de las frases calientes, el provocador incontenible de hace unos años, se asomó detrás del saco gris y la corbata rojo carmesí. 

“¿Peña Nieto? –alzó los hombros y sacudió la cabeza–. Su jefe de prensa es Salinas y su jefe de propaganda es Televisa”. Las risas llenaron la sala. López Obrador movió los brazos en el aire y recuperó la compostura. Se alisó el traje y se despidió con una sonrisa de candidato en plaza llena.

Wilbert Torre nació en Mérida, Yucatán. Es periodista y escritor. Ha sido cronista de política y corresponsal en Estados Unidos de los diarios Crónica, Reforma y El Universal. En 2008 fue elegido como Nuevo Cronista de Indias por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, que dirige Gabriel García Márquez. Es autor de los libros "Obama Latino" y "Todo por una manzana".

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La nieve devora a Washington PDF Imprimir E-mail
Washington, EE UU - Sociedad
  
Jueves, 11 de Febrero de 2010 22:39

Ha nevado sin cesar en cuatro de los últimos siete días. La noche del martes 9 de febrero, a través de la ventana, todo lo devoraba la nieve: los autos, la calle, los techos de las casas, los árboles, las madrigueras de las ardillas, las pistas del aeropuerto.

No había sol ni sombra y todo lo dominaba un blanco absoluto, como un río inabarcable de espuma. El miércoles, al amanecer, la tormenta de nieve era tan densa que ni siquiera era posible ver la puerta de mi vecina, la adorable señora Jonson; mientras en la capital de los Estados Unidos y las ciudades que la rodean, se sucedían escenas de zona de desastre, entre la nieve acumulada, las compras de pánico y la ansiedad del encierro.

La tarde del martes, con el auto compacto deslizándose sobre el asfalto congelado como si fuera una enorme pastilla de jabón, llegué a un Home Depot donde vi a un hombre y a una mujer a punto de liarse a golpes por un costal de sal para derretir hielo. Es comprensible: si no tapizas de sal la entrada de tu casa y el cartero resbala, puedes ir a la Corte a encarar una demanda por varios miles de dólares. Esa tarde decenas de habitantes de Washington y sus suburbios salían cargando sobre los hombros, como si fueran fusiles, cientos de palas para asear sus casas.

En el supermercado, cuatro días antes de que comenzara a nevar, una fila de personas con cochecitos repletos de alimentos y botellas de agua, tardó 27 minutos en desaparecer. Ayer había mucho menos gente y era claro por qué: el área destinada a las verduras estaba vacía. Los estantes de frutas habían sido saqueados y sólo quedaban por ahí tres bolsas de uvas y unos racimos de plátanos verdes –disputadísimos, por cierto –.

En las casas, incluso si en ellas habitan niños, el clima no era de una alegría desbordante por la llegada de la nieve. El domingo, cuando debían preparar hamburguesas y hot dogs para el esperado Super Bowl, adolescentes acompañados por sus padres paleaban muros de nieve tan altos como un automóvil mediano para asear sus cocheras y abrirse paso en ese mar como de leche.

Todos estaban sorprendidos por la cantidad de nieve y no parecían muy alegres. Sólo Santos, un trabajador salvadoreño, parecía feliz caminando torpemente con sus botas gruesas. Siete casas aseadas, a 130 dólares cada una, eran la medida de su felicidad. Finalmente, cuando el ejército de niños, padres y abuelos terminó de limpiar las entradas de sus casas, la nieve volvió a caer, inexorable, indiferente, como un visitante indeseado.

Esta es la capital del país más poderoso del mundo y sin embargo la cantidad de nieve que ha caído en los últimos días ha paralizado todo: el gobierno, las embajadas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional suspendieron actividades.
 
Más de medio millón de empleados no asistieron a trabajar en la ciudad de la burocracia mundial. Las escuelas se declararon cerradas lunes y martes, y el miércoles anunciaron que en vista que el cielo no deja de enviar nieve, los niños no asistirán a clases toda la semana.

Nicolás, que tiene cuatro años y con cierta frecuencia reniega cuando llega la hora de asistir a clases, preguntó: ¿Cuándo voy a ir a la escuela? No ha salido de casa desde el sábado, cuando metido en un traje como de astronauta jugueteó un rato en un muro de nieve. El teléfono no para de timbrar con avisos del condado. El último, a las nueve de la noche, avisó que los camiones recolectores de basura no pasarán en una semana. Por la noche escuchaba –las montañas de nieve frente a la ventana me impedían verlos – varios tractores limpiando las calles del vecindario y pensaba que Obama tenía razón: esto es un verdadero “snowmageddon”.

Estas líneas finales las escribo el jueves al mediodía. Amaneció soleado y la nieve que adornaba las ramas de los árboles comenzó a desvanecerse. Maki quiso abrir la puerta de la casa y fracasó. Pudo hacerlo en un segundo intento, con un fuerte empellón para encontrarse con un muro de nieve, de unos dos metros de altura, justo frente al camino de entrada. Llevo una hora paleando y apenas he logrado arrancarle medio metro a ese muro blanco y con partes duras como una roca. Unos metros más allá veo a un viejo y a varios hombres retirando nieve febrilmente de sus casas.

La señora Johnson también está paleando, aunque la noche de miércoles un grupo de latinos, armados con unos tractores enanos, le asearon la cochera. Todo está en silencio. Sólo se escucha el ruido metálico de las palas al estrellarse contra la nieve, que ha comenzado a convertirse en hielo.

Wilbert Torre nació en Mérida, Yucatán. Es periodista y escritor. Ha sido cronista de política y corresponsal en Estados Unidos de los diarios Crónica, Reforma y El Universal. En 2008 fue elegido como Nuevo Cronista de Indias por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, que dirige Gabriel García Márquez. Es autor del libro Obama Latino.


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