De pocos directores se ha escrito tanto como de Luis Buñuel. Las biografías, tesis y libros testimoniales son un camino de tinta que desemboca en la basta obra del aragonés. Los libros existentes son de lo más variado, unos buscan la anécdota, otros el análisis, algunos -muy pocos- cuestionan lo dicho y generan nuevas propuestas, pero si en algo coincide la mayoría es que existe un “Gran Buñuel” y el Buñuel que hizo películas “alimenticias”. Como si de un dogma se tratara, la literatura del tema ha clasificado ciertas películas (la mayoría del ciclo mexicano) como malas y utilitarias y las europeas como extraordinarias. No podemos negar que las películas rodadas en Francia en la última etapa son de una calidad incuestionable, y que algunas producidas en México no son ni de lejos un reflejo de las capacidades artísticas de Buñuel, pero el punto se ha exagerado de tal manera que películas como la comedia “El gran calavera” o dramas sociales como “El río y la muerte” han quedado como las escobas viejas: en el rincón, olvidadas y llenas de polvo. “Abismos de pasión” es una de estas obras que ocupan pocas letras en la basta obra dedicada al director español, tal es el maltrato sufrido que es de las pocas películas de su filmografía prácticamente imposible de encontrar. Muchos son los argumentos que se pueden esgrimir para revalorizar esta película y, es necesario, mirar con nuevos ojos lo que el director nos regaló aquel 1954. El cine siempre se ha nutrido de la literatura para generar historias, incluso se puede hablar de que las primeras películas carecían de una identidad separada del teatro en su forma y de las novelas en sus historias. De un gran lector como Buñuel no se podía esperar otra actitud que no fuera la de llevar a la pantalla algunas de sus lecturas favoritas, tal es el caso del filme en cuestión, adaptación de la extraordinaria novela “Cumbres Borrascosas”, de Emily Brontë. Uno de los argumentos que utiliza la crítica para sobajar la película es su pésimo elenco: ramillete de actores de diferentes nacionalidades y capacidades histriónicas que ciertamente empañan la buena labor del director. Nada de malo tiene señalar esta carencia, pero la crítica ha fallado al magnificar el error y dejar de lado lo interesante de la adaptación de Buñuel, un trabajo lejos del romanticismo de papel cuché y besos apasionados. Cartel de la película.Esta versión es dura, llena de olvidos y recuerdos malditos, de sentimientos de venganza y árboles cubiertos de buitres.“Abismos de pasión” es la gota de sangre que derrama el vaso, el spleen que deambulará más tarde por París, el L´amor fou que tan poca tinta le costo a Bretón pero que logró tanto en la cabeza de Buñuel. Emily cuestionó todo en su época; el papel de la mujer de campo, la religión, la educación, e hizo énfasis en los males que genera el amor. Si Emily Brontë hubiese escrito un guión de su novela, sería muy parecido a lo que hizo el director español. La mayoría de las adaptaciones de “Cumbres borrascosas”, filmadas antes y después de “Abismos de pasión”, se dedican a filmar literalmente lo escrito por Brontë, dejando ver obras larguísimas que por falta de pericia y talento terminan siendo una telenovela en la campiña inglesa, incluso llegan a mostrar pasajes de felicidad y jolgorio, situaciones ausentes en las letras de la autora. Buñuel conoce muy bien las diferencias de lenguaje entre el cine y la literatura, sabe cuándo una escena debe ser suprimida, cuándo un personaje sobra y qué momentos del libro no pueden omitirse. Mientras en la novela existe una narradora testigo que ha vivido el drama de las tres generaciones familiares de la historia, Buñuel la elimina fulminantemente, pues es conciente de lo innecesario de los narradores en el cine (si bien hay quien los usa magistralmente), y así, en esta versión, el director se dedica a mostrar y no a contar, haciendo más directa la recepción pues la historia que nos llega es directa y no digerida por un personaje y su visión de los hechos, sino que asistimos a los mismos. Otra intervención interesante es la eliminación de dos de los tres actos de la novela. Esto le permite acortar la historia y centrarse en lo que él considera importante. Aunque es atrevida esta acción, el resultado es una historia que logra transmitir todo los temas incluidos en el texto base. Mientras la primera parte de “Cumbres borrascosas” está dedicada a contar cómo se forjó la relación entre los dos personajes principales, en “Abismos de pasión” esta intimidad sentimental logra entenderse con un diálogo, cinco recuerdos de la infancia y escasos cinco minutos de pantalla. Las letras podrían acumularse en defensa de esta película, pero como siempre pasa cuando el punto final de un escrito aplica su dictadura, lo que queda es verla, rescatarla del olvido. Todo lo demás es palabrería. Síganme en Twitter: @rodrigopamanes
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