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Con apenas cinco meses de vida, Lucille llegó a Anshan, China, en enero de este año. Es la primera hija de Sidonie y Olivier, ambos de nacionalidad francesa. Se encuentran en este país porque él viene a supervisar maquinaria de acero inoxidable que se instala en la empresa Angang.
Sidonie, ortofonista de profesión y madre de la pequeña, se ha tomado un año sabático para acompañar a su marido y así poder cuidar y disfrutar de la niña.
Con temperaturas de menos de 20 grados centígrados en invierno, la pequeña Lucille nos acompañaba en todas nuestras actividades, desde una salida al restaurante hasta un paseo a la montaña. Llama la atención por ser un bebé occidental, rubia y de ojos azules. Muchos ciudadanos chinos la quieren tocar, se detienen, le hablan y preguntan a su madre la edad de la pequeña.
Los primeros días esto es una novedad y nos causa gracia, pero cuando pasa el tiempo, las salidas al supermercado se vuelven lentas, porque no se puede avanzar debido a la gente que se acerca, rodea a la niña y le hace cariños.
Lo peor fue cuando por el cambio de agua en su alimentación y con apenas seis meses, le dio gastroenteritis, por lo cual se le llevó al hospital.
En China, el sector salud no refleja mucha asepsia, es así como al entrar al recinto, el piso de los pasillos se veía sucio por la nieve que la gente traía en los zapatos, pues todavía nevaba por esas fechas.
Todas las enfermeras querían cargar a la bebé después de revisar a otros enfermos y con la presencia de una intérprete se nos dijo que era necesario internar a la niña para hacerle estudios.
Sus padres dijeron que no, aún cuando el cuidado de una bebé enferma viviendo en un hotel, como es el caso de esta familia, no iba a ser sencillo, así que en mi caso me ofrecí a prepararle sus alimentos en mi casa.
Este tipo de convivencia hizo crecer una amistad que se ha reafirmado con el tiempo y con largas conversaciones en las que se han abordado muchos temas, uno de ellos la forma cómo se celebran los cumpleaños de los niños en México. Le conté a esta pareja francesa sobre el uso y la importancia de las piñatas en las fiestas infantiles y quedamos que cuando Lucille cumpliera una año le organizaríamos una reunión con este elemento.
Pasaron los meses y Lucille cumplió su primer año. Planeamos su fiesta y al hacer la lista de lo que necesitaríamos, vimos que no sería tarea fácil localizar todo.
Encontrar los ingredientes para las crepas y el material para la piñata fue labor de investigación y de recorridos por todo tipo de supermercados, mercadillos, tienditas, etc.
Hay todo tipo de harinas con algún añadido de dulce, soya, levadura y más. Pero harina natural es difícil saber cuál es, ya que todo está escrito en chino. La vainilla es otro producto que requerimos pero que jamás hemos visto aquí.
Para elaborar la piñata no fue difícil encontrar el globo, pero es increíble que el “papel de china” no lo encontramos, así que después de mucho buscar, en el rincón de una tiendita de mercadillo encontré papel crepé con el cual la hicimos.
Seguramente debe haber lugares donde vendan este tipo de papel, pero no sabemos cómo se llama aquí. La interprete a la que acudimos muchas veces para que nos ayude, soltó una sonora carcajada cuando le pregunte: “¿dónde venden el papel de china?”. Me dijo: “y ese cuál es?”. He visto que este papel lo ocupan en sus facturas y en embalajes, por lo que deduzco que lo venden por volúmenes grandes.
Manos a la obra
En mi departamento corté el papel y preparé el globo, pero para decorar la piñata me fui al hotel donde se hospeda la familia, ya que por las altas temperaturas que predominan en esta temporada, evitan sacar a la niña en horas punta de calor. Terminamos de hacer la primera y Sidonie, que aprendió muy bien la técnica, hizo una segunda.
Llegó el día del festejo, asistieron todos los compañeros de trabajo de Olivier, en su mayoría franceses y algunos de ellos casados con mujeres chinas. Éramos 10 adultos y la pequeña Lucille, quien con la ayuda de su madre le dio a la piñata y más tarde le abrieron sus regalos, entre ellos un hermoso vestido típico chino.
Pasamos una velada muy agradable entre bromas y anécdotas acerca de las piñatas, como esa que cuentan que una de estas sirvió de “Caballo de Troya” en el asalto del fuerte de El Álamo, Texas, cargada de explosivos para derrumbar la puerta.
Es así como siempre vamos a recordar esta piñata mexicana que se rompió en el cuarto de un hotel en China, para celebrar el primer año de vida de una bebé francesa.
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Anshan es una de las ciudades más importantes de la provincia de Liaoning, en el nordeste de la República Popular China. Debe su nombre una montaña que tiene forma de silla de montar (An-silla de montar y Shan-montaña), lo que me recuerda al Cerro de la Silla situado en la ciudad de Monterrey, México.
 Dentro de esta ciudad china se ubica, con muchos jardines, áreas verdes y lagos, el Parque Anshan 219, llamado así para conmemorar la fecha de liberación de Anshan, ocurrida el 19 de febrero de 1948. Es así que el número 2 corresponde al mes de febrero, que es el segundo del año, y el 19 por el día. Tiene una extensión de 40 mil metros cuadrados, lo que lo convierte en el más grande de la región.
El parque alberga un enorme templo budista. Es una construcción de 22.104 metros cuadrados y mide 33 metros de altura. Cada uno de esos metros representa los 33 estratos del cielo del budismo. La figura de jade de Buda es la más grande que existe en China: mide 7.95 metros de altura y pesa 260.76 toneladas.
Es una monumental piedra tallada por los dos lados, ante la cual los creyentes budistas hacen oración todos los días, guiados por los monjes que habitan en un monasterio al lado del templo. Caminar por los jardines de este parque, escuchando la suave música china o los cantos de los monjes por los altavoces que están distribuidos en árboles y postes, dan una sensación de bienestar y relajamiento.
Cada espacio de este lugar está diseñado para el bien de los que ahí acuden. Desde la entrada se observan fuentes a ras de suelo que de vez en cuando lanzan chorros de agua que son la diversión de algunos niños y jóvenes.
El Parque Anshan 219 tiene una calzada central con grandes árboles de pino a los lados, en donde ardillas de diferentes tamaños comen los frutos secos, tomándolos con sus patas delanteras y moviendo sus grandes dientes de forma acelerada. En el momento menos esperado, estos roedores corren y se trepan a los árboles, dejando sin foto a quienes intentaban captarlos con sus cámaras.
Los espacios adaptados con aparatos para hacer ejercicio o hacerse un automasaje, así como las áreas de juegos infantiles, están por todo el parque. Muchos grupos de baile con su CD portátil hacen sus prácticas en este lugar; los músicos ensayan con sus instrumentos y a veces es común escuchar alguna cantante de opera ejercitando su voz.
Todos estos sonidos, mezclados con el ruido de las chicharras (insecto que hace ruido al frotar sus patas), el canto de los pájaros y el olor a hierba recién cortada, hacen que mi caminata matutina en este parque sea mágica, cierre los ojos y respire hondo. ¡Esta es la China que me gusta!
Paseo matutino
Después de mis momentos de reflexión, siempre pasa algo que me causa gracia. Al ir caminando veo entre los árboles una especie de tendederos de los que cuelgan hojas de papel escritas en chino y que al final tienen un número de teléfono.
Pregunto a una intérprete de qué se trata este tipo de anuncios. “Son promociones de matrimonio”, me responde. Efectivamente, en una hoja de papel se anuncia: “mi hijo es ingeniero, o médico, tiene tantos años y sus padres buscamos novia para que contraiga matrimonio”.
Para mayor información ponen el número de teléfono. Del mismo modo se busca matrimonio para las mujeres.
¡No lo podía creer! Por el número de tendederos parece que hay mucho soltero en esta región.
En este parque hay unos seis lagos, en donde las lanchas de motor eléctrico o de pedales, decoradas con formas de animales o como si fueran pequeñas casas chinas, hacen que el paseo sea más vistoso y agradable.
La temperatura de 34 grados y la humedad de un 80 por ciento, sumado a que en este parque hay pequeñas montañas con vegetación espesa por donde se cuela el olor al humo de la leña que se quema en incienso como ofrenda a Buda, me hace sentir en mi natal Huasteca Potosina.
Al salir del parque lo hago por el área de los juegos mecánicos: el circuito de Kart’s, la montaña rusa, el tronco que baja por una caída de agua, los puestos de tiro al blanco o de los aros en donde el premio es un muñeco de peluche. Cada vez que vengo a este lugar, descubro algo nuevo.
Al llegar siento una emoción, como si nunca lo hubiera visitado. Y al salir sólo pienso en el día que regresaré.
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Luego de al menos siete años, el pasado 25 de abril mis dos hijos, mi marido y yo pudimos estar juntos otra vez en México. La razón fue la boda de mi primogénito, Jean Marc, celebrada en Guadalajara.
Mi esposo había estado en este país, al que considera su segunda patria, en el 2004 por motivos laborales. Mi hijo menor visitó México en 2002, cuando estuvo de vacaciones, estancia que se vio entristecida por la muerte de uno de mis hermanos, quien fue niño Down.
Así que llenos de ilusión, mis hijos, provenientes de Francia y mi esposo y yo, de China, llegamos a México para los preparativos de la boda.
Previamente, estando yo en la nación asiática y viendo lo barato y bien hecho de la ropa, pedí a mis hijos sus medidas para que les hicieran sus trajes para la celebración. A señas y después de muchas confusiones, logré que los chinos entendieran lo que quería, y así toda la familia portamos el día de la boda nuestro atuendo “Made in China”. Lo mismo fue con las alianzas.
La epidemia
Unos días antes de la boda empecé a escuchar los comentarios de “una epidemia de influenza”. No le di importancia, pues hay algo que pasa cuando no vives en un lugar aunque éste sea tu país: crees que a ti no te pasara nada. Afortunadamente así es. 
No se puede dejar llevar uno ni por miedos, ni habladurías; tiene que ser algo oficial y bien dicho lo que modifique tu actitud. Algunos invitados de San Luis Potosí, donde vive gran parte de mi familia, llegaron a Guadalajara para la boda con tapabocas.
El jueves 23 de abril a las 23:00 horas en cadena nacional, el gobierno federal había dado a conocer la aparición de la ahora llamada influenza a H1N1 y había decretado la suspensión de clases en escuelas del Distrito Federal, Estado de México y San Luis Potosí.
Durante la misa por el matrimonio de mi hijo, alguna persona se abstuvo de dar la paz y no saludó de beso. Sin embargo, me extrañó que en la fiesta si bailara, comiera y conviviera de cerca con los demás.
Al día siguiente de la boda, las noticias de todos los periódicos y televisión sólo hablaban de la "pandemia”, los e-mails circulaban a una velocidad increíble llenando mi buzón.
Por información de conocidos que trabajan en el sector salud, nos enteramos que estábamos ante algo desconocido que había causado ya varias muertes, aunque luego se supo que fue por falta de atención médica a tiempo. Al regresar a San Luis Potosí, donde hasta el momento han muerto seis personas por el virus, me percaté que toda la gente usaba tapabocas.
Esa imagen de las personas con medio rostro cubierto daba temor. Vimos cómo las estanterías de los supermercados empezaban a vaciarse. Aunado a los mensajes del gobierno federal de no visitar lugares concurridos, vi cómo la población cayó en pánico colectivo.
Todo esto me hace pensar: ¿Es que acaso el mexicano no tiene suficientes emociones para alimentar su día a día, que necesita sentirse protagonista de algo aunque esto sea una enfermedad? ¿O nos pusieron el “tapabocas” para que no dijéramos nada luego que los diputados aprobaron la legalización de la droga?
El próximo 5 de julio, San Luis Potosí tiene elecciones para gobernador, presidentes municipales y diputados. Al parecer, no hay buenos candidatos. La política está muy sucia y la gente decepcionada. ¿Los aspirantes a puestos de elección popular aprovecharán todo esto de la epidemia como una maniobra política? Espero saberlo un día.
De México a China
El temor de la familia y amigos por el regreso de mi esposo a China por motivos de trabajo, donde algunos mexicanos fueron puestos en cuarentena por temor al contagio, hizo que de plano me negara a responder el teléfono en algún momento, dado que las opiniones eran coincidentes: “dile que no se vaya, los chinos son malos, están regresando a los mexicanos”, me dijo algún amigo.
Mi esposo es francés y los chinos no son malos. Algunos sistemas en China son un poco arcaicos y es muy comprensible que después de haber tenido la gripe aviar en el 2004, que dejó miles de muertos, se tomen medidas drásticas. Mi marido y mi hijo Christian vivieron en China durante esa epidemia.
El pasado 6 de mayo mi esposo llegó a aquél país sin ningún problema ni revisión de su estado de salud. Su itinerario fue Guadalajara - Los Ángeles - Pekín - Anshen. Y pese a las medidas de las autoridades de esa nación oriental, mi marido no fue revisado aún llevando en su pasaporte el sello de que había salido de México.
Como el gobierno mandarín es muy ahorrador y a pesar de que busca evitar cualquier contagio, por la noche apaga los censores de temperatura corporal colocados en el aeropuerto por lo que no se entera si alguien llega con más de 38 grados de calentura.
Aquí en esta ciudad potosina, mi familia y yo permitimos que el reencuentro de Christian con su país y con su gente se interrumpiera. Si bien es cierto que cancelamos un viaje a la Huasteca Potosina, sí disfrutamos a lo grande de nuestra familia, amigos, comida, campo y el entorno que un día formó nuestra vida cotidiana.
Supe que el gobierno estatal está dando recursos económicos a las escuelas para que desinfecten sus aulas antes de que los alumnos regresen a clases el 18 de mayo. La directora de un kínder en las afueras de la capital potosina me confesó que sólo le dieron 100 pesos para comprar material de limpieza para su colegio.
Además, es extraño pero aquí en San Luis Potosí las escuelas de nivel preescolar y primaria siguen sin dar clases, no así las guarderías donde el riesgo de contagio entre los bebés es latente.
El pánico va desapareciendo. La gente ya no usa tapabocas. Yo me quedaré unos días más en esta ciudad que me vio nacer. Veré si tengo la oportunidad de conocer mas a fondo “los históricos días con tapabocas”.
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