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Nunca fui admiradora de los Estados Unidos de América, al contrario, me molestaba escuchar comentarios a favor de la primera potencia mundial, así que en marzo de 2010, que llegue a vivir aquí, no me sentía muy afortunada.
Uno de mis propósitos era demostrar a los admiradores de este país que estaban equivocados en sus reconocimientos. Para mí era sólo como un lugar de fantasía.
Y digo de fantasía porque se le conoce por sus superhéroes fabricados como Superman, Spiderman y muchos más que sólo son ídolos para la niñez en sus juegos imaginativos.
Pero al cabo de casi un año de vivir y convivir en su cultura, me he dado cuenta cómo este país ha llevado una lucha constante para destacar y tomar el primer lugar en el mundo.
Formado por inmigrantes de bastantes países, muchos de los cuales fueron sometidos a la esclavitud, he podido constatar que el sueño americano existe y que los ciudadanos y residentes gozan de los derechos que otorga la ley, sin importar su origen.
El Presidente Barack Obama es ejemplo vivo de esta integración de las razas, cosa que no se ha podido ver en países como Francia o España, donde las personas de origen moro no han logrado afincarse dentro de la sociedad y la política, sólo con papeles segundones, a pesar de que en la historia de ambos países han tenido lazos muy estrechos.
Cuando veo los cientos de iglesias de muchas religiones que aquí se practican, descubro que todas tienen un punto en común: Dios. Pero no es ese Dios de la religión católica, ni el Alá de la religión islámica. Es ese ser supremo que cuida y vela por su país. De ahí la frase “God Bless America”, y todos los americanos la repiten con fervor.
Dios es el punto común de todas las razas y como tal está presente en su forma de saludar, en sus muchas religiones y en su moneda.
 A pesar de las noticias y manifestaciones que hay para denunciar las nuevas leyes contra los indocumentados, creo que este país ofrece grandes ventajas para sus inmigrantes, que al igual que en otros países deben estar dentro de la legalidad.
Al tener un año aquí y hacer nuestra declaración de impuestos, me he quedado sorprendida al ver que los gastos de familiares dependientes que radiquen en México, son deducibles para el contribuyente.
El hecho de haber vivido en México, Francia, China, España y ahora en Estados Unidos, me hace reflexionar detenidamente en cuáles han sido los factores que se han reunido para hacer de este país la primera potencia, y China que le sigue, copiándolo en todo.
En mi particular punto de vista, como persona común, creo que sólo se debe coincidir en algo, no importa lo que sea, pero en Estados Unidos se cree en Dios y su Ejército; en China, en cambio, creen en el dinero y el poder; no hay hipocresía.
En España luchan por tener ese titulo de humanidad como lo tiene Francia, y ésta a su vez lucha por no perder su título de “país defensor de derechos humanos”, pero en la realidad son países que por ser tan viejos no pueden deshacerse de sus abolengos y tradiciones.
Estamos en una era de globalización, debemos deshacernos de complejos y falsas morales, en concreto debemos crecer.
 Aquí en este país, Estados Unidos, donde conviven tantas razas, no se pueden permitir el lujo de decir “nosotros somos de tal región, y nuestra comida es tal”. He viajado por el norte y por el sur y la comida es la misma con alguna muy pequeña variante.
La gente aquí se mueve de un lugar a otro, cambia de estado con tranquilidad, en sus “mobilhome”, sólo van en busca de trabajo, no tienen ataduras, simplemente evolucionan.
Siento a veces que giramos en sentido contrario. Mientras Europa trata de renovarse, Estados Unidos crea su historia.
Y México, al lado de la primera potencia mundial y con una gran historia a cuestas, no logra definir su lugar.
Sigo sin ser admiradora de los Estados Unidos, pero en esta época de globalización, pienso que historia, cultura y progreso deben de ir tomadas de la mano.
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Cuando se nos menciona los Estados Unidos de América, nos imaginamos centros comerciales con tiendas de ropa, electrónicos y restaurantes de comida rápida. Eso es al menos el referente que la mayor parte de la gente tenemos de este país.
Aquí, en esta zona costera en el sur del estado de Alabama, donde vivo, además de lo que caracteriza a la primera potencia mundial, he descubierto gran parte de la historia y el encanto que tiene este país.
En esta región llena de pantanos, ríos y playas de arena blanca con casas de madera montadas sobre pilotes, esta Dauphin Island, una pequeña isla situada en el Golfo de México y la Bahía de Mobile.
En ella se encuentra el Fuerte Gaines, su construcción concluyó durante la Guerra Civil y se le añadieron unas baterías en el conflicto americano español. Es reconocido como una de las fortificaciones del Siglo 19 mejor conservadas en el este de Estados Unidos.
Es mágico cuando se visita y se pueden ver a los herreros forjando el hierro avivando el fuego con el fuelle; los panaderos cocinando el pan en grandes hornos de tierra al tiempo que unos soldados hacen sus ejercicios en el patio central del Fuerte.
Sí, todo esto se puede revivir un día de la semana y así sentir la vida que se llevaba 200 años atrás.
 Dauphin Island es lugar de descanso para aves migratorias como el pelícano, ya que reúne los elementos naturales necesarios para que estas sobrevivan durante su estancia de descanso, para después continuar su viaje.
Con grandes superficies de bosques de pinos, es una reserva natural de aves tan emblemáticas como el águila de cabeza blanca, símbolo de este país.
Hace unos días fuimos a pescar mi esposo y yo al pequeño muelle situado en la parte este. El mar estaba completamente en calma, a lo lejos se veían las plataformas petroleras y sólo se escuchaba el ruido de sus motores.
Sobre unos pilotes en el mar estaban algunos pelícanos, como vagabundos envueltos en un abrigo, reposando adormilados esperando reanudar su camino.
Aquí hay un embarcadero donde las personas aficionadas a la navegación hacen al agua sus barcas para practicar el deporte de la pesca, o simplemente pasear visitando algunos lugares de la costa del Golfo.
A este embarcadero llega el Ferry que hace la travesía hacia la costa oeste de la Bahía de Mobile donde se encuentra el Fuerte Morgan, que es otra de las atracciones de la zona.
Visitar el acuario que se encuentra a un lado del embarcadero, donde se pueden apreciar diferentes especies nativas de Alabama, nos transporta a conocer el entorno submarino de este lugar.
Con una superficie de 430 kilómetros cuadrados, de los cuales sólo el 16 por ciento es tierra, este pequeño paraíso ha sido destruido parcialmente por algunos huracanes, entre ellos el conocido Katrina en agosto de 2005, que destruyó muchas casas situadas en la parte oeste.
 Su escudo nos muestra el histórico Fuerte Gaines, un barco camaronero que representa el sustento de muchos residentes de la isla y el delfín, mamífero muy visto en las aguas del Golfo y la Bahía; las aves son los pelícanos, la flor de lis representa a Francia (1699 a 1764) y el galeón representa a España (1781 a 1813). Ambos países están aquí, en la historia de Estados Unidos.
Yendo por la interestatal 10 en la salida 17, se toma la carretera comarcal 193 sur, y a unos 40 kilómetros se encuentra un gran puente (Gordon Persons Bridge) que la une al continente. Desde la parte más alta se aprecia la isla en todo su esplendor, tan pequeña, tan vulnerable a los huracanes y a la vez tan impresionantemente bella.
En verano, los cientos de turistas que la visitan le dan un aspecto bullicioso y colorido, más no sucede así en invierno, que se encuentra desierta y solitaria, pero sin perder su mágico atractivo.
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Uno de los pasatiempos preferidos de este país es reformar cualquier vehículo de motor, ya sea decorándolo para hacerlo más vistoso, adaptarlo para que sea cómodo o facilite las actividades laborales, incluso para que el motor alcance velocidades récord. En este último rubro se encuentran los coches llamados “dragsters”.
Las carreras de dragsters son un deporte de motor que nació en los años 60. Consiste en alcanzar velocidades muy altas en un corto recorrido y el menor tiempo posible. Este tipo de competencias se realiza en un cuarto de milla, que equivale a 402 metros.
Para lograr alcanzar estas velocidades, los vehículos han sido reformados en el motor, carrocería, llantas; reforzados en algunas partes y aligerados en otras. Utilizan como combustible una mezcla que contiene 90 por ciento de nitro metano y 10 por ciento de metano.
 ¿Pueden imaginar lo que es alcanzar una velocidad de 621 kilómetros por hora, recorriendo 402 metros en tan solo 3 minutos 58 segundos? Pues sí, este es el mejor récord alcanzado en 1984.
Como la juventud de mi esposo y la mía se desarrolló entre los años 60 y 70, cuando este pasatiempo, parecido a lo que en México se conoce como “arrancones”, decidimos presenciar este espectáculo aquí, la tarde un sábado, y recordar viejos tiempos.
La “Mobile International Speedway”, ubicada en el suroeste de la ciudad de Mobile, es uno de esos lugares donde los aficionados a este deporte se dan cita los fines de semana, habitualmente por la tarde, durante la mayor parte del año. Transportando sus vehículos en remolques adaptados para este uso, van llegando las familias completas que se van instalando en las áreas verdes con sus mesas y sombrillas para tomar una bebida refrescante y ver jugar a los más pequeños.
Algunas de estas competencias son a nivel internacional en fechas determinadas en el calendario del organismo que lo gestiona. Cabe mencionar que hay muchas mujeres que lo practican.
Como todo en esta vida, los dragsters también tienen su lado comercial, ya que estas competencias sirven además para publicitar a los patrocinadores como talleres mecánicos, marcas de refacciones automotrices, aditivos, etc. Algunos de ellos participan con sus propios vehículos.
Fabricados especialmente para estas competencias, son coches de ruedas traseras muy anchas, con un chasis muy largo y unas ruedas delanteras delgadas. Un impresionante motor sobresale en la parte de atrás del asiento del piloto, ofreciendo una bella estética automotriz para deleite de los amantes de este deporte.
Los modelos de coches americanos de las décadas de los 60 y 70 son los que más se prestan para este tipo de competencias. Mustang, Súper Bee, Javelin, Plymouth, son sólo unos cuantos modelos que se ven en estos encuentros.
Fuera del recorrido oficial de 402 metros, se prolonga el asfalto, y es justo ahí donde se prueban los vehículos, pasando uno por uno, los pilotos tratan de detectar los fallos que pudieran surgir en la competencia, pruebas denominadas “calentonas”.
En estas, los espectadores pueden pronosticar quién será el ganador de ese día, y así pueden elegir su lugar en la tribuna para tener la mejor foto de su corredor favorito.
Empiezan. Posicionado cada coche en su carril (en estas carreras van de dos en dos), unos metros antes de la línea de salida “queman llanta”, esto se logra haciendo patinar las ruedas traseras para dejar goma en el asfalto y así tener buen agarre en el arranque. El ruido del motor retumba en los oídos, lo cual me hace recordar la mascletá de las Fallas de Valencia.
En la parte central, frente a los dos vehículos, esta “el árbol de navidad” que es un semáforo que, por su forma, se asemeja a esta decoración, ya que tiene a cada lado una luz blanca que se ilumina cuando los vehículos están posicionados. Hacia abajo hay una luz roja y enseguida varias luces ámbar que se encienden en cascada hasta llegar a la de abajo que es la verde y que, al iluminarse, da la señal de salida.
Como un relámpago y después de unos cuantos segundos, el panel que se encuentra al final de los 402 metros se ilumina marcando el tiempo y la velocidad alcanzada.
Así pasan hasta unos 40 coches. Enseguida hay una segunda vuelta donde pasan por categorías de acuerdo con los tiempos obtenidos. Sucesivamente se van eliminando hasta que queda el ganador.
En los altavoces se escucha el himno nacional de los Estados Unidos. Todos los presentes se ponen de pie con la mano derecha en el pecho escuchando respetuosamente. Al terminar, se premia al ganador.
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