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Dubai, EMIRATOS ARABES UNIDOS - Sociedad
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Escrito por Haydeé Pérez
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Viernes, 20 de Febrero de 2009 21:41 |
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Acampar y manejar en el desierto son las actividades más emocionantes entre los habitantes de los Emiratos Árabes durante los meses de invierno, en que la temperatura promedio es de 18 grados, porque en el verano el termómetro llega hasta 50 grados.
A los turistas o personas que llegan a trabajar a Dubai se les recomienda que hagan el safari por el desierto para que disfruten de la belleza del paisaje de las dunas en el sitio árabe. Después de esa primera experiencia, la mayoría de los que se quedan a vivir y tienen las posibilidades, compran una camioneta 4x4 para volver a vivir la emoción de sentir que se va en una montaña rusa que no tiene fin y que la adrenalina corre por todo el cuerpo.
Las escuelas de conducir ofrecen cursos para llevar un vehículo en el desierto, donde se enseña desde la presión que deben de tener las llantas hasta cómo maniobrar cuando se llega a lo alto de una duna y descubrir que hay un precipicio del otro lado. También se aprende qué hacer en caso de quedar atascado en la arena.
Una de las principales recomendaciones es nunca ir solo, ya que es preferible ir con alguien que tenga más experiencia, para lo cual se organizan grupos de amigos que hacen las excursiones durante los fines de semana.
Cada año el periódico Gulf News organiza un evento para participar en el Fun Drive, en el que expertos que previamente marcan una ruta a seguir guían a los conductores en un viaje que dura por lo menos cinco horas, conduciendo entre las dunas. Como se ha hecho tan popular este evento, ya se ha puesto un límite de vehículos que pueden registrarse y es requisito que los conductores tengan experiencia.
A principios de febrero, por 28 años consecutivos se llevó a cabo el Fun Drive, en el que participaron mil 800 personas de todas las edades distribuidas en 480 camionetas 4x4, 50 marshals o guías y se recorrieron 190 kilómetros.
El periódico publicó algunas impresiones de los participantes que aquí transcrito. “Es emocionante llegar a una duna de 200 metros de altura y luego deslizarse cautelosamente¨, expresó Adrew, uno de los participantes.
Naidal Ali, uno de los marshals o guías que ha participado ya por 12 años, mencionó que se siente bien cuando puede ayudar a conductores que salen de su vehículo solicitando ayuda porque se han quedado atascados en la arena.
Yo ya disfruté del safari en el desierto, ya tengo una camioneta 4x4, ya tomé el curso de manejo, ahora me falta practicar para tomar experiencia y sentirme más fuerte y segura en el volante.
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Querétaro, MÉXICO - Sociedad
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Escrito por Norma Saldaña
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Martes, 09 de Diciembre de 2008 06:30 |
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La crisis económica ya tocó a los medios de comunicación mexicanos. El 2 de diciembre dejó de existir el periódico Palabra, del Grupo Reforma, que nació en Saltillo el 20 de noviembre de 1997. En su primera plana, el editorial del rotativo anunció que debido a que la autonomía financiera nunca llegó y el costo del papel se encareció el 50 por ciento se veía en la necesidad de cerrar. Con el cierre, 100 personas que daron sin empleo. Este es uno de los casos más notorios de los últimos meses. Palabra se caracterizaba por tener un periodismo de investigación, con una agenda propia y fue siempre fiel a la verdad. Me gustaría resaltar uno de los párrafos de la carta del sentido adiós titulada “El precio de la libertad”: “A lo largo de estos años no cedimos un ápice ante las presiones de quienes quisieron ponerle un precio a la libertad del periódico, buscando garantizar el éxito económico a cambio de una línea editorial más cómoda para sus intereses”. Esta situación es sólo un ejemplo del mal que aqueja a muchos diarios, sobre todo los del interior de la República que, a cambio de su sobrevivencia económica, son voceros de los gobiernos locales y publican verdaderas “odas” a las acciones gubernamentales. Tal es el caso de todos los diarios editados por la Organización Editorial Mexicana. Dejan ver su completa complascencia a las acciones y no acciones gubernamentales. Carecen de investigación periodística, no ejercen ningún tipo de crítica ni análisis. Por eso sobreviven. Tal parece que ejercen al pie de la letra el dicho aquél de “no golpear a la mano que te da de comer”.
No hablar mal del presidente muncipal, del diputado local, del gobernador, del edil que se anuncia en las hojas del diario. Y es una pena porque si algo se necesita en México es una prensa libre, honesta, creíble, con ética, objetiva y que se atreva a buscar, de algún modo, la rendición de cuentas que no ejercemos los ciudadanos y que tanta falta hace.
Me entristece ver que diarios como Palabra, a cuyo grupo editorial pertenecí hace tiempo, tenga que cerrar. Junto con su fin se cancelan espacios para la prensa libre.
Otro caso es el del diario El Centro, que circulaba sólo en el distrito federal. Propiedad de la editorial Notmusa, terminó sus operaciones el 11 de octubre de 2008, un año y siete meses después de haber iniciado. Con ello, otras cien personas engrosaron las filas del desempleo.
La principal causa de su cierre fue la crisis económica. La mayoría de sus reporteros, editores y el mismo director procedían también del Grupo Reforma. Y por ello ejercían un periodismo con libertad que no gustó a muchos. Estos son sólo dos casos. Sin ir más lejos, en Estados Unidos al menos 30 periódicos están en venta debido a la crisis.
El prestigiado New York Times hipotecó su edificio matriz en Manhattan para poder obtener un préstamo de 225 millones de dólares con los que busca aliviar sus problemas financieros producto de restricciones de crédito y reducciones de ganancias. Si las grandes empresas periodísticas estadunidenses están en crisis, imagínense qué puede pasar con las mexicanas.
Afortunadamente no todo son malas noticias. Hace pocos días, las columnas de varios diarios de circulación nacional mexicanos anunciaron el regreso de la periodista Carmen Aristegüi al espacio radiofónico, luego de su polémica salida de W Radio justo el 4 de enero de este 2008 que expira. Será a través de MVS Radio, empresa en la que trabajó hace algunos lustros en compañía de Pedro Ferriz de Con y Javier Solórzano.
A partir del 5 de enero próximo, Carmen será la responsable del espacio noticioso matutino de la estación, en lo que será un cambio a la emisora que, por el momento, lleva el nombre de La Mejor y transmite música grupera. Aristegüi es sinónimo de un periodismo libre, valiente y que también busca la verdad. Veremos qué mas sorpresas nos depara el ya anticipado económicamente difícil año 2009.
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Valencia, ESPAÑA - Sociedad
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Escrito por Margarita Morales
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Viernes, 15 de Agosto de 2008 20:22 |
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En días pasados me encontré en el diario El País una nota que llamó mi atención, principalmente por el titular: “Centenares de inmigrantes recurren al bisturí para limar rasgos étnicos”.
Su contenido me sorprendió y hasta me pareció tema de reflexión.
La nota se refiere a que algunos inmigrantes de los que hay en España, sobre todo de América del Sur, están recurriendo a ciertas intervenciones como la rinoplastia (cirugía que resuelve problemas estéticos de la nariz), a fin de disimular sus rasgos étnicos.
Sorprendente a la vez que preocupante este hecho, porque no están recurriendo a operarse por problemas en sus narices, sino porque desean modificar sus rasgos étnicos con el penoso fin de estar más cerca del “canon de belleza occidental”.
Entre el total de su población (46 millones de habitantes), España tiene una buena cantidad de inmigrantes, fenómeno que ha crecido en los últimos años y que en la actualidad rebasa los 5 millones, entre los cuales destaca gente procedente de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú.
Con la llegada de tanto extranjero, la inmigración se ha convertido en todo un fenómeno para gobierno, sociedad y sobre todo para quien viene de fuera que, para bien o para mal, ha tenido que aprender a convertirse en inmigrante.
Quizá por eso es que esta modalidad de operarse la nariz, será para muchos latinos, sobre todo los que tienen rasgos étnicos muy marcados, una forma de “adaptarse” a la nueva cultura que los acoge.
Válido es que cualquier ser humano desee hacerse una reparación física en alguna parte de su cuerpo, por sentirse bien consigo mismo, por elevar su autoestima o por vanidad, siempre y cuando tenga dinero para hacerlo.
Pero accionar el cerebro para tomar la decisión de modificar el rostro que revela las raíces de donde uno procede, sólo por formar parte de una nueva sociedad a la que se incursiona, a la que se tiene que integrar, con el fin de ser aceptado, de estar a tono con patrones de belleza, parece absurdo y hasta el reflejo de rechazo –o complejo- de sus propias raíces.
Esto es penoso por dos partes. La primera, porque desgraciadamente muchos inmigrantes con rasgos étnicos marcados sienten que en tierras europeas los ven “raros” (el complejo de nuestras razas y una consecuencia más del racismo, sin duda alguna). Y la segunda -más penoso aún- que todavía por este continente hay miles de personas que no han aprendido a valorar y apreciar la belleza de otros grupos étnicos.
En este país, con una inmigración tan alta, quien se lo proponga aprende a disfrutar la mezcla de culturas y rasgos físicos que se encuentra uno por doquier.
Por citar un ejemplo, es tan enriquecedor observar la diversidad visual que se da en las calles entre “occidentales vestidos con ropa de tiendas de prestigio” y mujeres bolivianas, de una etnia cuyo nombre desconozco, que tienen rasgos diferentes.
Ellas, vestidas con trajes típicos de su tierra, largas faldas y blusones de gran colorido, cabello recogido en trenzas, cargando a sus niños en la espalda envueltos en sus rebozos, y ellos, los europeos, ataviados con una ropa moderna más occidental. Sin duda alguna, un deleite para muchos ojos; para otros quizá no tanto.
Pero ahora resulta que muchos latinos, aparte de venir a trabajar a países europeos para mejorar su nivel de vida, se ven orillados a descubrir que acá pueden (¿o deben?) “refinar la raza” y por eso dan cabida a modas banales, sacrificando uno de los valores más importantes que tienen sus raíces, como son los rasgos físicos.
Sin duda alguna, esto es una curiosidad más en el mundo de la inmigración.
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Dubai, EMIRATOS ARABES UNIDOS - Sociedad
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Escrito por Haydeé Pérez
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Martes, 27 de Enero de 2009 18:16 |
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Actualmente Dubai tiene 42 millones de metros cuadrados con edificios en construcción; más que cualquier otra ciudad en el mundo. También se están construyendo islas artificiales, las primeras dos líneas del metro y varios pasos a desnivel. Todo está siendo edificado por más de 500 mil hombres que han llegado principalmente de países de Asia y que ganan en promedio 250 dólares mensuales.
Los ingenieros y arquitectos vienen de constructoras europeas, americanas o japonesas, que subcontratan a compañías de recursos humanos para que traigan a los miles de albañiles de países pobres como India, Bangladesh, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.
De acuerdo al Ministerio de Labor, todo emigrante que llegue a trabajar a los Emiratos Árabes debe recibir la visa y los boletos de avión de llegada y de vuelta por la empresa que lo está contratando. Sin embargo se ha sabido de cientos de trabajadores que en sus países fueron engañados por la compañía que les ofreció el trabajo y tuvieron que pedir algún préstamo para pagar la visa y eso equivale a que por lo menos los primeros dos o tres meses todo lo que ganen es para pagar el trámite de haber llegado hasta aquí.
Al llegar deben firmar su contrato de trabajo en el que se comprometen a trabajar por dos años antes de volver a su país, lo cual provoca depresión extrema al no poder estar cerca de su familia y trabajar duramente.
Generalmente las jornadas de trabajo son de 12 horas. Así las obras de construcción que no se detienen tienen sólo dos turnos de obreros, uno de 5:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, y otro de 5:00 de la tarde a 5:00 de la mañana siguiente. Es lamentable ver cómo terminan de cansados.
En las horas de cambio de turno, es evidente que las avenidas se congestionen con los camiones que transportan a los obreros, muchos de los cuales se ven exhaustos y con una mirada perdida en la nada.
Durante seis días a la semana son trasladados del lugar donde viven, llamado “Campos de labor”, al lugar donde trabajan y viceversa. Sólo el viernes, que es el día de descanso, los mismos camiones los llevan a áreas de esparcimiento como al centro de la ciudad para que realicen compras o envíen dinero a sus familias.
Los “Campos de labor” han mejorado mucho en los últimos dos años, desde que comisiones de derechos humanos denunciaron las condiciones en las que vivían estos trabajadores. Ahora deben tener aire acondicionado para los meses de verano en que las temperaturas llegan hasta 48 grados y se les incluye por lo menos una comida diaria. Sin embargo aún prevalecen los dormitorios pequeños donde duermen hasta 12 hombres y comparten un sólo baño.
En 2006 y 2007, decenas de trabajadores se unieron para protestar por las condiciones de sus viviendas, por el mal trato que recibían en su s áreas de trabajo y por su bajo salario, pero como aquí no son legales los sindicatos y las manifestaciones, la policía detuvo y deportó inmediatamente a los líderes y a quienes se amotinaron. En 2008 no hubo ninguna protesta, quizá nadie se quiso arriesgar a perder su trabajo.
Un día me acerqué al área de los “Campos de labor” y traté de hablar con algunos de estos trabajadores, pero por el idioma no nos pudimos comunicar. Un responsable de cuadrilla que tiene seis años trabajando aquí me dijo que el pago que recibe un albañil no calificado es de 600 dirhmas mensuales, equivalente a 167 dólares, de cuya cantidad compran comida y artículos de aseo personal. Lo que les queda como máximo puede ser de 200 a 300 dirhmas, que es lo que envían a sus familias.
Cuando veo a estos hombres delgados de tez muy oscura y con un mismo color de uniforme, trabajando como hormiguitas bajo el sol de este desierto, pienso en la esclavitud. Muchos comparten mi opinión, pero otros dicen que por lo menos aquí tienen techo y agua potable, y aún cuando el sueldo es bajo, en su país no tendrían ni trabajo, así que al menos de esta manera pueden enviar algo para que sus hijos puedan comer y estudiar.
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