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Dubai, EMIRATOS ARABES UNIDOS - Economía
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Escrito por Haydeé Pérez
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Domingo, 22 de Marzo de 2009 05:17 |
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Miles de inmigrantes que trabajaban en el sector de la construcción y de bienes raíces han tenido que irse de los Emiratos Árabes Unidos porque perdieron su trabajo y con ello la visa de residencia.
Parecía que la crisis económica mundial no estaba afectando a este rico país petrolero, pero desde que inició el 2009 se sabe de proyectos de construcción que han pospuesto sus fechas de entrega y han detenido sus obras a falta de inversiones.
El Gobierno no ha revelado cifras de cuánta gente se ha ido, pero quienes vivimos aquí oímos de recortes de personal en empresas, vemos la gran oferta de casas y apartamentos en renta y sentimos cómo el tráfico en la ciudad ha disminuido en los últimos dos meses.
La constructora Nakheel, que edifica el complejo inmobiliario de Las Palmas artifici ales, redujo en 15 por ciento su fuerza laboral a finales de 2008. Los medios de comunicación informaron que 500 empleados fueron despedidos. Pero eso fue sólo en el primer recorte.
Una amiga mía me contó que su esposo fue uno de los afectados de Nakheel. Ella se mostró angustiada porque no se lo esperaban, ya que el contrato del proyecto para el que su marido estaba trabajando duraría por lo menos dos años más.
Ella dijo que en la misma semana fueron cerca de mil los ingenieros y arquitectos despedidos, 100 de ellos japoneses que tenían menos de seis meses de haber llegado.
A quienes tenían más de medio año de trabajar para la compañía se les dio el beneficio de permanecer en el país hasta el último día de febrero, a fin de que buscaran otro trabajo en la región.
El esposo de mi amiga encontró trabajo en otro Emirato. Pero lamentablemente no fue el caso de un joven arquitecto mexicano que también fue empleado de la misma compañía y que tuvo que irse de Dubai hace unas semanas.
Todos los desocupados de Nakheel fueron directores de obras de alto nivel, quienes subcontrataban a otras compañías que les proveían a los miles de albañiles que traían de países pobres.
Así que aunque oficialmente se anunció que fueron 500 los despedidos, en realidad fueron miles los que de la noche a la mañana se quedaron sin empleo.
Otras cifras publicadas de reducción de personal en el área de construcción han sido Damac Properties, que desocupó 200; Tameer, 180; Emaar, 100 y Omniyat, 69. Pero al igual éstos fueron empleados responsables de grandes proyectos, de quienes dependían cientos o miles de personas más, entre proveedores de material o de mano de obra.
La Embajada de la India reportó un éxodo de aproximadamente 200 mil obreros que han dejado Dubai o lo harán en los próximos días, ya que cada noche llegan camiones a los llamados “campos de labor” o áreas donde viven estos trabajadores y cada vez se llevan a 250 personas al aeropuerto.
Es triste. La semana pasada estuve en el aeropuerto y vi la fila larga de hombres que vinieron a trabajar como esclavos a esta ciudad y en sus rostros sólo se reflejaba angustia y cansancio.
Es sabido por todos que ellos nunca tuvieron oportunidad de ahorrar con lo poco que se les pagaba, alrededor de 200 dólares al mes; apenas alcanzaban para sobrevivir aquí y mandar un poco de dinero a sus familias.
Más lamentable es que muchos de ellos quizá aún no terminaron de pagar el préstamo que solicitaron en su país para que una agencia de empleo les consiguiera un trabajo en Dubai, y que al cancelarse éste, regresan además con una deuda.
Parecía que no, pero ahora sí se habla de la crisis económica en Dubai y la mayoría está más consciente de la situación.
Las charlas entre mujeres que sólo eran en relación a spas y centros comerciales, ahora son de preocupación por la vecina o la buena amiga que tuvo que sacar a sus hijos del colegio, que regresó a su chica de servicio a su país de origen y que tristemente se tuvo que despedir de esta ciudad.
Es triste, muy triste. La semana pasada me despedí de una amiga y el 1 de abril me despediré de otra.
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Valencia, ESPAÑA - Economía
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Escrito por Margarita Morales
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Lunes, 30 de Marzo de 2009 16:28 |
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Desde que me vine a vivir a este país, me llamó la atención la gran cantidad de programas de apoyo económico que brinda la administración española a los ciudadanos y empresas, a través de ayudas y subvenciones que seguramente se generan como resultado de tantos impuestos que también cobran los ayuntamientos y el gobierno.
Si comparamos estas prestaciones con las casi no existentes en otras naciones, sobre todo de América Latina, en España sí se ven muy beneficiados un gran número de sectores de cultura, salud, deporte, ciencia, tecnología, agricultura, educación, comercio, medio ambiente y transporte, por citar algunos.
Y no se diga los apoyos que hay para el desempleo, la mujer, la familia, la juventud, los niños, los discapacitados y las ONG’s, por sumar más.
Ayudas económicas hay en este país, pero aún así algunos ciudadanos no las valoran del todo y acostumbrados a recibir mucho o poco del gobierno, muestran su inconformidad continuamente por la gran cantidad de inmigrantes que hay y que también se benefician de éstas, y porque ante el nivel alto de vida que tiene España, hay quien considera que la administración debería apoyar más. Una prestación que a muchos de los que vinimos de otro país nos sorprende conocer, es la ayuda económica que el mismo gobierno da a la población activa que se queda sin trabajo, que pasa a formar parte de las filas del “paro”, y cuya asistencia se otorga con base en determinados requisitos que debe cumplir el desempleado.
Por citar un ejemplo, de acuerdo con el Servicio Público de Empleo Estatal del Ministerio de Trabajo e Inmigración, una persona que está en situación legal de desempleo y que ha cotizado en la Seguridad Social de tres meses a un año, puede beneficiarse del paro desde 6 meses hasta 2 años, recibiendo el subsidio en un determinado porcentaje del sueldo que percibía en su último trabajo, siempre y cuando cumpla con ciertas obligaciones.
Esta es una ayuda “atractiva” y de gran alivio para aquellos que se han quedado sin trabajo y que durante un tiempo no se verán en la “calle” como sí les sucede a ciudadanos en otros países.
Sin embargo, en la actualidad, con la crisis cada vez más acentuada en este país, la ciudadanía en general está preocupada porque ya se menciona que las reservas del paro se pueden agotar con tanto desempleado. Y no son para menos esos temores, ya que en enero de este año se alcanzó la cifra de 3.3 millones de personas sin trabajo, entre estos una gran cantidad de inmigrantes de América Latina. Ante esta situación y las dramáticas previsiones de expertos economistas que aseguran que en diciembre de este año el paro ascenderá a los casi 4.5 millones de desempleados, algunos inmigrantes, en situación irregular y regular, se han regresado a su país de origen con recursos propios, mientras que otros lo hacen con el apoyo de un nuevo programa que ha instrumentado el gobierno y que desde noviembre de 2008 entró en vigor bajo el nombre de Plan de Retorno Voluntario.
Esta medida se supone que beneficia a aquellos extranjeros sin empleo y que pertenecen a países no miembros de la Unión Europea. Al entrar en vigor, el gobierno estimó que cerca de 87 mil personas se acogerían a ella, y una previsión reciente por parte del Ministerio de Trabajo, dice que la cantidad podría ascender a 100 mil personas, ante los continuos despidos. Sin embargo el diario El Mundo menciona en una nota publicada el 4 de marzo de este año, que sólo 2 mil personas se han acogido al programa.
'Tú eliges tu futuro'...
Al parecer el plan no está teniendo la demanda esperada, aún cuand o el gobierno lo empezó a promover hace algunos meses a través de anuncios panorámicos instalados en el interior de las estaciones de Metro o en las mismas calles, con frases escritas como esta: “Si estás pensando en regresar...".
La estrategia del plan es pagar al inmigrante por anticipado el 40 por ciento de la prestación por desempleo, y el 60 por ciento restante la recibirá en su respectivo país. Este programa de apoyo se aplica a 19 países, entre ellos México, con los cuales el gobierno español tiene convenios firmados en materia de Seguridad Social.
Eso sí, hay algunas condiciones establecidas a cumplir, entre ellas el compromiso del inmigrante de no regresar a España durante tres años, aunque pasado este tiempo pueden solicitar de nuevo permiso de residencia y buscar trabajo, sin haber perdido los derechos acumulados.
Si muchos inmigrantes en el paro no han atendido la “invitación”, seguramente es porque saben que en sus países la situación económica está peor que en España y prefieren seguir resistiendo estoicamente que el “barco se enderece”.
Entre los mexicanos que he conocido en Valencia no he sabido de alguno que haya solicitado esta ayuda, pero sí que se ha regresado a México porque la situación laboral se le complicó, a diferencia de personas de otros colectivos como ecuatorianos y marroquíes, que al parecer son los que más se han acercado al Plan de Retorno.
Para bien o para mal, programas como éste protegen a todo aquel que vino a España, trabajó y pagó sus impuestos y, hoy, ante la inminente crisis, regresa a su país con el total de la prestación de desempleo que legalmente le corresponde. Aún así hay muchos que no se quieren regresar. Algunas asociaciones de inmigrantes han considerado el programa como favorable; otras lo interpretan como una medida de presión por parte del gobierno para que los desempleados retornen y, de esta forma, se desahogue un poco el alto índice de desempleo, dejando a la clase trabajadora española las futuras posibilidades laborales que puedan surgir en el mercado.
Habrá que darle tiempo al tiempo para ver qué rumbo toma la economía de este país, pero sobre todo observar si con la salida de extranjeros, las tasas de desempleo bajan o siguen aumentando.
Lo que sí es cierto es que prestaciones como el Plan de Retorno Voluntario y otros más que ofrece la administración española -y de los cuales ya escribiremos en otro momento-, son interesantes porque son el resultado de una buena planificación de impuestos que se revierten en los mismos ciudadanos en servicios, subsidios, ayudas y bonificaciones.
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Chicago, EEUU - Economía
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Escrito por Alejandra López
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Viernes, 27 de Marzo de 2009 23:08 |
 Es realmente triste y sorprendente ver imágenes de gente pidiendo dinero en las calles o haciendo filas a fin de conseguir, entre cientos de aspirantes, un empleo en alguna compañía. O no se diga la cantidad de negocios con letreros de “out of business” (fuera del negocio), sobre todo en un país que se jactaba de ser el sueño de muchos y el paraíso de las oportunidades. Estamos en una especie de retroceso en el tiempo y tal parece que nos encontramos en aquel Lunes Negro de la caída de la Bolsa que marcó el inicio de la Gran Depresión, justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando la gente deambulaba por las calles sin trabajo, mendigando comida y sin un techo donde dormir. La ciudad de Chicago no se ha visto exenta de este fenómeno. Es impresionante ver cómo en tan sólo una calle hay seis o siete locales comerciales vacíos y con letreros de “se renta” o “se vende”, fenómeno que se repite en el rubro de la vivienda. Era inusual ver a personas pidiendo dinero en las calles. El gobierno estadunidense tiene un programa de ayuda para el desempleo, ya sea a través de dinero en efectivo o las llamadas estampillas de comida que consta de una tarjeta de débito con la cual se pueden adquirir alimentos. Pero este apoyo es sólo para quienes poseen un estatus migratorio legal, por lo que cientos de ilegales de distintas nacionalidades quedan fuera de esa ayuda y salen a las calles a pedir ayuda. Qué decir de todas las familias que han perdido su hogar al no poder pagar sus hipotecas. Esa morosidad ha sido provocada por la falta de empleo o la disminución de horas en las jornadas laborales, ya que muchas empresas, a fin de reducir costos y tratar de no despedir a sus empleados, han optado por disminuir horas o días laborables. La gente ha perdido su poder adquisitivo y piensa dos veces antes de comprar algo. Sin embargo, la crisis ha resultado una verdadera oportunidad para otros: las llamadas tiendas de segundas, que no son otra cosa que lugares donde se venden cosas usadas o de segunda mano, que la gente dona para los más pobres o los desamparados. Es curioso que estas tiendas, que generalmente eran visitadas por afroamericanos o latinos, hoy por hoy son frecuentadas por los mismos estadunidenses. Es fácil encontrar al típico americano en BMW comprando ropa o muebles, y las tiendas están abarrotadas siendo que en el pasado no se veían mas de tres o cuatro coches en el estacionamiento. Los medios de comunicación no se han salvado. Para ejemplo un botón: el Chicago Tribune, que se de  claró en bancarrota iniciando el año, de donde fueron despedidos unos cuantos; o proyectos de nuevas revistas que se han quedado a la espera de patrocinios. Los periódicos ya no tienen a sus empleados en nómina, sino como colaboradores y eso de vez en cuando. Ha sido una caída libre a un precipicio al que todavía no se le ve fondo pese a todas las medidas económicas que ha propuesto el presidente Barack Obama. Éstas han sido insuficientes para inyectar a la economía de los Estados Unidos la fuerza y la vitalidad de antaño. Según los expertos falta un año para poder recomenzar, pero mientras tanto hay miles, incluyéndome, en espera de una oportunidad de trabajo y de que las cosas empiecen a mejorar.
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Londres, INGLATERRA - Sociedad
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Escrito por Alfa Caballero
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Domingo, 19 de Abril de 2009 15:22 |
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En solo una semana ella ha logrado lo que muchos famosos se han tardado años en hacer. Y es posible que para finales de este 2009 no solamente tenga un disco, sino que hasta haya hecho una gira por varios países. Susan Boyle, la escocesa que se presentó en el concurso “Britain’s Got Talent” (El Reino Unido tiene talento), fue seguida en su actuación por 11.3 millones de telespectadores, a través de la cadena de televisión británica ITV. Actualmente el video de dicha actuación, que está publicado en You Tube, ha alcanzado casi los 30 millones de reproducciones. En su momento, arrancó grandes titulares en los diarios como “20 millones de visitas... y ni siquiera a hecho un disco”. Y por si fuera poco, este sábado 18 de abril recibió la felicitación del Primer Ministro escocés, Alex Salmond. Cuando esta mujer de 47 años se presentó en el programa, frente a un audiencia escéptica, me pareció aquello una escena de los milagros de Hollywood, porque en cuanto empezó a cantar “I dreamed a dream”, de la obra “Los Miserables”, los miembros del jurado se quedaron boquiabiertos y los aplausos del público no se hicieron esperar.
Pero no fue una escena de Hollywood, sino un hecho de la vida real con la actuación de una persona común como Susan Boyle, quien se ha hecho mundialmente famosa, al igual que sucedió con Paul Poots, que en 2007 también sorprendió en este concurso con una voz de tenor que le abrió las puertas de la fama. La actuación de Boyle fue calificada por los medios británicos como “electrificante”, “impresionante” y “conmovedora”, incluso su fama ya llegó hasta Estados Unidos, cuando Piers Morgan, uno de los jueces, apareció con ella en el show de Larry King y predijo que la escocesa tendria su “best selling” albúm y una gira por el mundo para finales de este año, independientemente de si ganara o no “Britain’s Got Talent”. Se mencionó en la prensa que conmovió a famosos como Kathie Lee, del show “Today”, de NBC, además de la actriz Demi Moore. Boyle ya ha dado una entrevista a “The Early Show” para CBS de Estados Unidos y ha sido invitada al famoso programa de Oprah Winfrey.
Sin duda alguna, un talento escondido descubierto, que por razones personales decidió no exponerlo en su temprana juventud.
El caso de Susan Boyle nos hace preguntarnos ¿cuántos verdaderos talentos escondidos como ella habrá en el mundo? No solamente en canto, sino en cualquier otra disciplina. ¿Cuántas personas nunca decidirán o se atreverán, ni a los 47 años, a exponerlo?
La misma juez Amanda Holden hablo sobre ello en el Daily Mirror: “Es alguien que ha cuidado a su madre toda su vida. Ha tenido sueños reales, aspiraciones reales pero obviamente ella pensó que tenia que decir adiós a esas cosas”.
De Susan Boyle ya se sabe que es voluntaria de la iglesia, que es amante de los gatos y que cuidó a su madre enferma hasta que murió, en 2007; que empezó a los 12 años a cantar en coros en general, los típicos inicios normales de quien se va a dedicar al canto en el futuro, pero entonces su madre enfermó…
Finalmente esta mujer, originaria de Blackburn, al oeste de Escocia, decidió cantar en honor a su fallecida madre.
“Quise mostrar que yo podía hacer algo con mi vida”, dijo a la prensa. Pero, ¿qué tiene Susan Boyle, de aspecto modesto de ama de casa, que ha logrado tanta aceptación a pesar de su apariencia? Un enorme carisma, diría yo.
Esa es la otra particularidad de Boyle, que su aspecto no se acerca al tradicional glamour de los cantantes de pop. Ella encajaría más en el ambiente operístico, en el que el público asiduo a éste no asociaría tanto su talento a su físico. Sin embargo, en su particular caso su controvertida imagen no parece importarle mucho a los millones de personas que la vieron el sábado 18 y que parecen aceptarla tal y como ella es.
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