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Uno de mis temas favoritos -cuando escribo- es acerca de los logros de mis hijos. Por obvias razones, en esta ocasión quiero compartir una experiencia única que viví, cuando mi hija Sofía, de 11 años, participó en días pasados un concurso de baile de salón, que es parte de un programa de las Escuelas Públicas de Chicago.
Cuando arribamos a esta ciudad nos costó mucho trabajo adaptarnos, y para ellos el ambiente escolar en un principio fue muy difícil. El idioma fue el primer obstáculo, el sistema de enseñanza que rige en este país, fue otro problema, pero como niños que son todo lo pueden ver como juego y diversión y Sofía demostró que así era para ella.
Las Escuelas Públicas de Chicago (CPS), por sus siglas en inglés, crearon un programa de baile de salón llamado Having a Ball, que se fundó en el año 2005, el cual es un curso intensivo para los alumnos de quinto grado de educación primaria.
Dicho programa ha alcanzado a más de 3 mil alumnos desde su fecha de inicio y tiene el orgullo de ser uno de los programas de baile de salón más riguroso y disciplinado que actualmente se ofrece en cualquier escuela pública de los Estados Unidos.
Aproximadamente durante un mes, las escuelas interesadas en participar practican con los alumnos los pasos básicos de baile de salón como cha-chá, paso doble, tango, vals y jive, siendo éste ultimo como una mezcla de rock and roll y twist.
En la primera etapa se eligen a las mejores parejas de cada escuela participante, así como su vestuario y se estudian las reglas que rigen en el certamen.
La siguiente etapa es la semifinal en la que aproximadamente 150 parejas de estudiantes impacientes esperan su turno para dar lo mejor en la pista de baile.
 La competencia
El día que mi hija participó en la competencia, muy temprano nos preparamos para ir. Sofía vistió un leotardo y mallas negras con una pequeña falda de tul, así como un pequeño moño blanco que adornaba su cabello recogido, que le daba más apariencia de una bailarina de ballet que de salón.
Su pareja, que por cierto es su primo hermano y quien casualmente es de la misma edad y asisten juntos a la escuela, llegó un poco después, vistiendo camisa blanca, moño al cuello y pantalones negros, uno de los requisitos de la competencia.
Se formaron tres grupos de 50 competidores cada uno en diferentes horarios durante todo el día. En el primer bloque se encontraba la escuela de Sofí, que al son del cha-chá inició uno de los espectáculos más hermosos y emocionantes que he presenciado.
Los niños, casi adolescentes, sosteniendo la mano de su pareja, con cuello erguido y espalda recta, deslizaban sus pies suavemente por la pista de baile. Confieso que no pude resistir la emoción y traté de contener una lágrima al ver que mi niña estaba creciendo.
Las eliminatorias dejaron a un total de 10 parejas en la ronda que le tocó participar a Sofí y su primo Sebastián; ellos fueron finalistas.
En total se eligieron a 50 finalistas, los cuales compitieron al día siguiente en Navy Pier, que es una especie de centro de convenciones, que se encuentra cerca de un lago y que cuenta con varios atractivos en su haber, donde junto con sus familiares, amigos y profesores se dieron cita a las 5.30 de la tarde para dar una noche mágica de baile y camaradería.
Cha-cha, vals, paso doble, tango y jive, fueron los cinco tipos de baile con los que se participó y con los cuales los concursantes se desempeñaron como todos unos profesionales, deslizándose por la pista de baile ante los jueces que calificaban su postura, ritmo y precisión de sus pasos, entre otros aspectos.
El tiempo transcurría y los seleccionados iban disminuyendo hasta quedar las mejores ocho parejas que fueron premiadas con los trofeos y los aplausos del público que paciente se quedó hasta el final.
Sofía y Sebastián obtuvieron el tercer lugar de toda la competencia y fue la primera pareja de latinos que llegaba tan lejos desde que se inició el programa: un doble orgullo, el cual toda la familia lo pusimos en evidencia, entre gritos y lágrimas de alegría.
El sólo hecho de cerrar los ojos y recordar cómo se deslizaban mi hija y mi sobrino sobre la pista, esa noche me permitió dormir con una sonrisa dibujada en el rostro de la grata experiencia vivida ese día.
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Comentarios
Y tanto arraigo tiene ese baile, que incluso se hacen competencias a nivel europeo... A mi me gusta mucho ver las exhibiciones. Son preciosas y más cuando participan niños; lucen hermosos los huercos!!!
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