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La fiesta de Beijing llegó a su fin. La delegación mexicana obtuvo dos preseas de oro y dos de bronce, con lo que se ubicó en el lugar 36 del medallero.
Los oros en taekwando de María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez, así como las de bronce a manos de las clavadistas Tatiana Espinosa y Tatiana Ortiz en clavados sincronizados, tienen tremendo valor, nos saben a gloria debido a todos los obstáculos que tuvieron que sortear para obtener la clasificación a los Juegos Olímpicos de China.
Como es bien sabido, los recursos económicos para los atletas de élite en México son entregados a cuenta gotas o muchas veces no llegan a sus manos.
Más allá de la pobreza, de la alimentación propia de un país en vías de desarrollo, de instalaciones deportivas que dejan mucho que desear, entre otras cosas, tristemente en nuestro país la burocracia es el principal obstáculo a vencer.
Además, es un país donde existen todavía los cacicazgos, no sólo en el campo, sino también en las pistas, arenas, tatamis y canchas deportivas.
Analistas y conocedores del deporte atribuyen a Mario Vázquez Raña, miembro permanente del Comité Olímpico Internacional y quien fuera durante muchos años presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), la mala racha que arrastra este país en el olimpismo.
Al dueño de la famosa cadena de diarios Organización Editorial Mexicana se le achaca la mala administración de los recuros destinados al deporte y, por ende, las raquíticas cosechas en las justas olímpicas.
Como ocurre cada cuatro años –tanta repetición aburre- diputados citarán a comparecer al actual dirigente del COM, Felipe “Tibio” Muñoz, para que rinda cuentas ante el Congreso de la Unión y explique por qué sólo los nuestros pudieron traer cuatro medallas.
A ver qué cuentas entrega y cómo explica la derrota, claro, si la derrota en algún caso se puede explicar.
Pese a todo, la cosecha traída este año es la mejor conseguida en oro en los últimos 24 años. Antes de las preseas doradas de Guillermo y María del Rosario, Raúl González había conseguido una en caminata, en Los Ángeles 1984.
Eso sí, cada medalla de oro se puede convertir en casi 8 millones de pesos, algo así como 520 mil euros.
Sí, la Comisión Nacional del Deporte (Conade), a cargo del ex futbolista Carlos Hermosillo, anunció un incentivo económico para cada presea dorada de la siguiente manera: un aporte inicial de la inciativa privada de 5 millones de pesos, más 400 mil pesos que donará el gobierno federal a través de Conade, así como 50 mil pesos mensuales otorgados por Telmex durante cuatro años, para un monto de 2 millones 400 mil pesos y un gran total de 7 millones 800 mil pesos.
Además, prometió 4.3 millones de pesos para las de plata y 3.2 para las de bronce.
Me pregunto por qué los incentivos económicos no se les otorgan antes de las competencias, para que entonces puedan dedicarse sólo al deporte y así conseguir más medallas.
En fin. Esta vez, me quedo con la emoción que sentí al escuchar dos veces el himno nacional en la misma olimpiada. Tan sólo de acordarme se me enchina la piel.
Seguro que a cualquier mexicano le hubiera gustado estar, al menos un segundo, en los zapatos de Memo y María del Rosario cuando veían nuestra bandera subir por encima de todas las demás.
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