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Más acertado no pudo ser que, previo al festejo del Día Internacional de la Mujer, en la ceremonia que cada año celebra la Academia de los Oscares, se galardonara a Kathryn Bigelow como la primera mujer que gana la estatuilla en la categoría de mejor directora, por la película "Zona de miedo", y que gracias a este reconocimiento que la sociedad nos ha otorgado, podemos ya nombrar nuestras profesiones femeninamente.
Esta sociedad, que por desgracia o fortuna ha sido dominada, desde que los seres humanos aparecieron en escena, por el género masculino, sin querer sonar muy feminista, el hombre ha sido quien ha decidido e impuesto un mundo en donde la mujer empieza a tener cabida.
Claro está que siempre lo ha tenido, en las sombras, en las cuatro paredes de un hogar, en la soledad de sus pensamientos y en la injusticia del abuso al cual son sometidas por ser consideradas, todavía en la actualidad, como seres de segunda clase.
Y las estadísticas nos dan la razón, cuando hoy en día las mujeres hemos demostrado que podemos realizar cualquier trabajo, aunque se ha puesto de manifiesto que mayoritariamente los hombres perciben más salario que las mujeres en el mismo puesto.
Según información del departamento de tendencias de empleo de la Organización Internacional del Trabajo, en palabras de Sara Elder, miembro de la OIT y principal autora del informe titulado “Las mujeres en el mercado de trabajo: medir el progreso e identificar los desafíos”: si bien hemos visto progresos en algunas áreas desde que se realizó la conferencia en Beijing, hace más de una década, y si bien más mujeres están eligiendo trabajar ahora que antes, las mujeres todavía no gozan de los mismos beneficios que los hombres en el mercado de trabajo.
De acuerdo con datos de la OIT, las mujeres ganan en promedio el 64 por ciento de lo que ganan los hombres. La brecha de ingresos es más acentuada entre las ocupadas en el sector informal (que perciben el equivalente al 52 por ciento de los ingresos masculinos) y las que tienen altos niveles de escolaridad. Los diferenciales salariales entre las mujeres también son más acentuados que los observados para los hombres en los distintos segmentos del empleo: las ocupadas en el sector informal ganan menos de la mitad (44 por ciento) que las que trabajan en el sector formal, mientras que este porcentaje alcanza a 65 por ciento en el caso de los hombres.
Y es que desgraciadamente se siguen suscitando casos, sobre todo en los lugares más pobres y humildes, donde la mujer debe permanecer en la casa porque ahí “pertenece” y donde, en contraste, el aumento de mujeres que son proveedoras en sus hogares en la actualidad, ha aumentado a consecuencia de diversos factores como la migración, madres solteras, factores económicos y otros aspectos.
En una sociedad en la que un sinónimo de mujer es debilidad y fortaleza es ser hombre, poco a poco nos ha costado el doble o hasta el triple de esfuerzo lograr ser tomadas en cuanta por igual en un mundo supuestamente civilizado.
En un tiempo en que los países de primer, segundo y hasta tercer mundo se siguen registrando muertes de mujeres por abuso doméstico, en donde el estar embarazada es motivo de despido, o simplemente no es apta para trabajar.
Qué ironía que el cuerpo de la mujer en esa metamorfosis extraordinaria que es la maternidad, pueda soportar cambios hormonales tremendos, y qué decir en el alumbramiento, en el que umbral del dolor seria para muchos hombres intolerable.
La mujer, es ese ser mágico y sensible, intuitivo y maternal por naturaleza, que simplemente es y forma parte de una sociedad que trabaja codo a codo por ser reconocida y alcanzar más independencia.
Qué lástima que tengamos que celebrar sólo un día al año el que estamos aquí presentes, que somos y existimos, y que enarbolemos la bandera de igualdad y tolerancia, y no simplemente lo dejemos en palabras.
Hay que poner un alto ya contra las agresiones que sufren día a día las mujeres alrededor del mundo, debido a que por desgracia esta situación está globalizada.
Una gran felicitación a cada una de las mujeres que ahí afuera hacen la diferencia.
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