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El terremoto del 12 de enero en Haití ha confirmado el indiscutible valor de la tecnología cuando es bien empleada. Gracias a las llamadas redes sociales miles de habitantes de la isla caribeña han podido dar señales de vida tanto dentro de su territorio como al exterior, donde sus angustiados familiares esperan información.
Cada empresa periodística se movilizó apenas se daba a conocer la noticia del movimiento telúrico de 7.0 grados en la escala de Ritcher; la misión consistía en tener de primera mano cualquier detalle.
Así que no se buscaban portavoces oficiales, porque entre el caos nadie sabía a ciencia cierta quién estaba vivo. Cualquier ciudadano o visitante en Haití era visto como el mejor de los corresponsales dentro del terreno donde la noticia se estaba desarrollando.
A través de Skype, la cadena en español Univisión, la más vista por los latinos en Estados Unidos, entrevistó en su noticiero nocturno estelar a una colombiana que desde dentro de su automóvil narraba a escasas horas del sismo lo que ella sintió y vio mientras el edificio donde trabajaba se venía abajo.
Gracias a Internet, la inmediatez por la que todos los periodistas del mundo compiten desde siempre, es ahora un elemento que permite transmitir casi todo hecho noticioso en tiempo real.
Así, mientras los enviados especiales de todo el mundo se trasladaban a Puerto Príncipe, la ciudad más afectada, los medios periodísticos internacionales hacían contacto con cualquier sobreviviente, para mostrar al mundo su efectividad noticiosa.
De mi época de estudiante de periodismo, uno de los libros que permanecen en mi memoria fue escrito por un corresponsal británico que en España recibe por telegrama la encomienda de ir a África a mediados del siglo 19, tras el rastro del médico y explorador escocés, David Livingston, quien se presumía podría haber muerto.
El reportero narra meses de viaje, teniendo que comprar esclavos para que lo asistieran en sus peligrosas travesías entre tormentas, epidemias y a merced de la jungla, hasta que finalmente da con la noticia: el doctor Livingston vivo y con mapas que modificaban la visión geográfica que entonces se tenía del llamado Continente Negro.
Ahora basta con hacer una llamada telefónica, prácticamente desde cualquier punto del planeta, para verificar datos y, Haití, por la magnitud de su catástrofe, está siendo el mejor escenario para sacar provecho de los medios electrónicos al servicio del periodismo.
La tecnología y la información
Tanto periódicos como portales de Internet y cadenas televisivas de todo el mundo han publicado cientos de fotografías o vídeos tomados por aficionados, porque ahora con las cámaras digitales y teléfonos celulares o móviles, prácticamente cualquiera se convierte en fotógrafo profesional.
Una vez más se confirma el dicho de que una imagen dice más que mil palabras. Las estimaciones de la Cruz Roja hablan de más de 50 mil muertos, pero la cifra va en aumento conforme los cuerpos de rescate provenientes de América y Europa hacen su trabajo. Las autoridades haitianas han dicho que podría haber más de 100 mil cadáveres.
En Estados Unidos, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, fue la primera en hablar públicamente el día de la tragedia a nombre del Gobierno, anunciando el inmediato envío de ayuda a la isla del Caribe.
Y fue la primera de alto rango estadounidense en apersonarse en la isla, donde aterrizó el viernes pasado, mismo día que Estados Unidos envió un portaviones, que hace las veces de aeropuerto artificial para el arribo principalmente de helicópteros.
Dos días después del terremoto, el Presidente Barack Obama anunció que su Gobierno destinará 100 millones de dólares para ayudar a Haití, la misma cantidad que aportará la Organización de Naciones Unidas.
También se anunció que los haitianos recluidos en centros de Migración no serían deportados, y mejor que eso, tanto ellos como los demás llegados a Estados Unidos antes del terremoto, están protegidos durante 18 meses por un permiso de estadía legal temporal con permiso de trabajo.
Esa benéfica medida se ha otorgado antes a salvadoreños y hondureños que llegaron a Estados Unidos hace una década, huyendo de la destrucción de desastres naturales. Tenían la opción de quedarse más tiempo, si cumplían las leyes, y se les regularizaba su situación como residentes de este país.
Con el sismo registrado el martes pasado, los primeros en reaccionar ante la terrible noticia fueron los haitianos radicados en Miami, donde vive la comunidad de caribeños más grande de Estados Unidos.
Desesperados intentaban llamar a su país, pero pocos lo lograban, mientras tanto, se organizaban en iglesias para reunir ayuda en especie y mandarla a la isla que Haití comparte con República Dominicana, ese pedazo de tierra que Colón bautizó como La Española, cuando en 1492 el marinero pensaba haber llegado a la India.
El Comité Internacional de la Cruz Roja ha incluido a Haití en su sitio http://www.icrc.org/spa, donde pueden subirse mensajes y nombres de personas en la zona de desastre, así cualquier persona con acceso a la red puede ver la información, tal como ya lo hacían desde antes quienes se encuentran en países en guerra.
En 1996, un periódico mexicano me llamó a Madrid para que cubriera la visita del Alcalde de Monterrey, México, a Barcelona, España. Desplazarme al evento esa mañana fue sencillo, el dilema era el envío de fotografías.
Ya había contactado previamente a un empleado de la agencia informativa Reuters, en la Ciudad Condal, él mismo reveló las fotos y tras vencer problemas de comunicación satelital con Inglaterra, en unos 90 minutos la redacción mexicana confirmaba la recepción del material.
Ahora basta enfocar el objetivo, que actualmente en Puerto Príncipe puede ser cualquier rincón de la devastada ciudad, realizar una llamada telefónica, lo cual es la dificultad principal debido a los grandes daños que reportan los sistemas de comunicación en la isla, y listo, la información es recibida al otro lado en cualquier parte del mundo en cuestión de segundos.
Aquella nota que envié desde Barcelona pudo ser leída, acompañada de las fotos, al día siguiente por miles de lectores, y con mayor suerte por los más de 4 millones de habitantes de Monterrey. Ahora los mensajes e imágenes provenientes de Haití están disponibles para los miles de millones que en todo el mundo tienen acceso al Internet.
Esas imágenes provenientes de la capital haitiana muestran miles de toneladas de alimentos que gobiernos y organizaciones de muchos países han enviado, las mantienen en terrenos custodiados, allá donde la población a pié no puede llegar.
Y no la reparten por falta de organización, por eso la bodega de la ONU en Puerto Príncipe ha sido saqueada, y la cadena CNN ha difundido las tristes escenas donde los pobladores hambrientos salen corriendo con paquetes de comida que han robado.
Sufren de hambre y saben que el alimento está ahí, entonces nadie puede detenerlos para servirse por ellos mismos, antes de morir deshidratados o de inanición.
Tan pronto como han podido llegar, principalmente vía República Dominicana, los enviados internacionales transmiten en vivo programas especiales en radio y televisión desde la colapsada ciudad. Todos describen el insoportable olor a muerte, por lo que a falta de mascarillas, los habitantes del lugar se han puesto blancos bigotes de pasta dental.
La respuesta de la comunidad estadounidense
Este sábado 15, aquí en Houston, la estación de radio 102.1 con sus locutores instalados afuera de un supermercado, invitaba a los houstonianos a entrar a la tienda a comprar alimentos y productos de aseo personal para ser enviados a Haití.
Y es una idea que se repite en prácticamente todas las ciudades de Estados Unidos. La ayuda sigue siendo recolectada, pero ahora por saturación de tráfico aéreo en la isla del Caribe, tiene que esperar hasta cuatros días para partir hacia donde tanto la necesitan.
Hoy fui a una tienda de refacciones para autos, en la puerta había un anuncio con la leyenda “Haití necesita nuestra ayuda”, seguido de sitios web y otras maneras de ayudar.
Las compañías de telefonía celular se han unido a la causa, enviando un mensaje predeterminado a través de los teléfonos móviles, al cliente le es descontado automáticamente un monto de 10 dólares para sumarlos a los millones que los norteamericanos están recolectando.
La ONU ha dado por terminadas las labores de rescate, pero expertos mexicanos piden mantener las tareas, ya que su experiencia en el sismo que sacudió la capital mexicana en 1985 habla de la posibilidad de encontrar personas con vida, aún a ocho días del desplome de los edificios.
Esperemos que sigan encontrando más gente viva en la destruida Haití, y que este triste suceso que ahora lo convierte en una noticia cubierta por medios que, ayudados por la más amplia gama de implementos tecnológicos, no se quede en el olvido cuando los reflectores se alejen.
Porque Haití necesitará años para volver a levantarse… Y aún con la ayuda que su “hermano mayor” continental ha anunciado, de no dejarlo solo hasta que se recupere, ningún apoyo será suficiente para sanar la más grande de sus heridas.
Y así seguiremos viendo imágenes de Haití apenas abramos los portales en la computadora, en la Palm, o en el celular, cuando encendamos la televisión o la radio. Lo importante es que no se vuelva un nombre común y que lo dejemos pasar desapercibido.
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Comentarios
Muy cierto todo lo que escribes en tu artículo, Mary... los avances de la tecnología al servicio de la humanidad pueden ayudar mucho si se les da buen uso...
Enhorabuena por tu artículo, refleja mucho de lo que se vive en Estados Unidos con respecto al terremoto de Haití.
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