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En Estados Unidos, de donde se esparce por el mundo esta tradición tan costosa de que Santa Clós cumpla los deseos de los niños bien portados, la recesión económica está sirviendo para que muchas personas redescubran el significado de la navidad.
Esta vez las peticiones de regalos dejan de lado lo material para centrarse en el deseo de que se abran más fuentes de empleo y el Congreso inicie la discusión de una reforma migratoria.
“Nosotros en mi familia ya nos pusimos de acuerdo para que festejemos que estamos bien, pero sin darnos regalos unos a otros, porque en 20 años que llevo aquí es el primer año que no hay dinero”, explica Juanita, una veracruzana radicada en Houston.
 Y el caso de Juanita se repite en miles, quizá millones, de hogares latinos en este país donde no se han dado abasto las organizaciones humanitarias que, entre otras labores altruistas, cada diciembre hacen realidad el sueño de niños de escasos recursos.
Aunque habría que ver si en la madrugada del 25 de diciembre efectivamente la navidad transcurre sin regalos de por medio, pues he visto que aquí abundan las ayudas, gubernamentales, de organizaciones o de particulares, y se benefician de ellas los que se sienten menos afortunados.
No obstante, es común ver que las familias que acuden a recibir los regalos, como juguetes, ropa o comida, llegan en autos de reciente modelo, haciendo que uno se pregunte si verdaderamente es esa la gente más necesitada.
Y tal vez lo es, porque en este país resulta difícil encontrar gente en el grado de pobreza que millones de familias padecen en México, haciendo que los pobres de aquí puedan compararse a quienes en nuestro país bien podrían ubicarse en la clase media.
El Tío Sam no da cabida a los pobres, esta crisis económica está demostrando que quienes se vean incapacitados para pagar su renta o la mensualidad de su casa, tienen que abandonar su vivienda y en grado extremo regresarse a su país de origen.
Por eso, esta navidad miles de mexicanos y centroamericanos la pasarán en familia, algunos luego de años sin estar durante estas fiestas en su pueblo o ciudad, a donde han regresado, muchos por voluntad propia, pero con los bolsillos vacíos.
“No hay trabajo, mejor me voy a mi pueblo, porque para qué voy a estar lejos si no les puedo mandar dinero a mis hijos, mejor me voy con ellos y por lo menos la pasaremos juntos. Luego, Dios dirá”, mencionaba un nayarita antes de cruzar la frontera por algún puente hacia México, y no caminando días enteros como cuando se internó en este país.
Otros prefieren quedarse hasta el último momento, mientras tanto trabajan en lo que salga, porque hay crisis, hay desempleo, pero el que busca encuentra.
Así tenemos al profesionista indocumentado que ha sido despedido de su trabajo de oficina, pero se ocupa limpiando oficinas, lavando platos o recogiendo hojas secas en los jardines, porque son millones los que ya estando acá quieren quedarse a cualquier precio.
Se habla de 12 millones de indocumentados que actualmente viven en Estados Unidos, y para quienes la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca encendió una luz de esperanza, pero ha sido hasta este mes cuando esa luz empieza a alumbrar.
Es con la propuesta de reforma migratoria que el congresista demócrata Luis Gutiérrez ha presentado hace unos días ante el Congreso, aunque su discusión debe esperar a que la Reforma de Salud sea aprobada, lo cual es ya un hecho.
Los activistas a favor de la legalización de indocumentados señalan que de acuerdo a diversas encuestas, entre un 60 y un 70 por ciento de los estadounidenses aprueban tal reforma migratoria.
Pero el restante 30 ó 40 por ciento que se opone hace una labor tan intensa, a través de correo, fax, teléfono, celulares y el Internet, dando a los congresistas la percepción de que la mayoría de la población rechaza tales medidas, orillándolos a votar en contra.
Por eso, en estos días de navidad, las más de 600 organizaciones a favor de los inmigrantes están llamando a la participación masiva. Dicen que por la apatía que lamentablemente se asocia con muchos hispanos, dejamos de participar y aunque seamos mayoría, nos ganan los que con tanta insistencia se oponen a la legalización de indocumentados.
Luis Gutiérrez ha explicado que serán elegibles para una regularización de estatus migratorio quienes hayan pagado sus impuestos, no hayan cometido delitos y lleven tiempo en el país. Parece simple, pero la discusión de la propuesta todavía no comienza, y en las cartitas a Santa Clós o al Niño Dios o a los Reyes Magos, o al mismo Obama, la petición es unánime por parte de los indocumentados: Sí a la Reforma Migratoria en el 2010.
No habría mejor regalo para 12 millones de personas, más los millones de familiares que en sus respectivos países esperan un mejor futuro para los que les mandan remesas y hacen posible su manutención.
Aunque sea sin dinero para una cena de lujo, esta navidad en la mesa de hogares latinos hay una luz de esperanza para que pronto los que tanto aportan a la economía estadounidense sean vistos más allá de las sombras.
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Comentarios
A buscarlo y que nos llegue con el año nuevo!
:side:
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