|
Las buenas o malas costumbres son de esos elementos invisibles que se cuelan en el armario, que se meten en el equipaje de todo viajero, y que simulan estar guardados hasta que encuentran la ocasión y salen a relucir.
La bondad o la maldad de un individuo no se perciben por la vistosidad o discrecionalidad del atuendo, tampoco por el solemne o florido lenguaje. Se es honesto o delincuente según las circunstancias.
En tiempos de austeridad, ya cuando el paso hacia la urbanidad se palpa irreversible, cuando a falta de bocadillo no se puede recurrir al huerto familiar, porque no existe, cuando para saciar el hambre se llega a terrenos insospechados, se desempolva el ropero, se abre la maleta y empieza la incertidumbre.
La delincuencia se vive en todo el mundo, hasta en Cuba -donde se supone que los hermanos Castro alimentan a toda la isla-, y Estados Unidos, el imperio capitalista, no es la excepción.
En esta nación, donde pocos se interesan por lo que pasa fuera de sus fronteras, donde muchos miran escenas del exterior principalmente relacionadas con catástrofes políticas y naturales, aquí se pensaba que las aguas del Río Bravo podrían contener la fuerza avasalladora de la delincuencia que ahoga a México y Centroamérica.
Ya sea como producto nacional o de importación, la delincuencia es un ingrediente que cada día va salpicando más un estilo de vida que hasta hace muy poco podían presumir los que viven en el sur de Estados Unidos.
Para muestra está el asalto a James Thompson, el pasado 17 de noviembre, alcalde de Sugar Land, uno de los municipios del área metropolitana de Houston, quien al llegar a su casa era esperado por un joven armado que amenazó con matarlo si no le entregaba el dinero que traía en el bolsillo.
El alcalde relató que el asaltante afroamericano se llevó un botín entre 80 y 100 dólares, y ya con retrato hablado en circulación, la organización Crime Stoppers, que combate el crimen, ofrece recompensa de 5 mil dólares a quien aporte pistas para dar con el sospechoso.
“Esto le puede pasar a cualquiera”, advirtió Thompson mientras recomendaba a la población en general a estar más atenta ante el incremento de la inseguridad.
Los infractores de la ley no distinguen raza, religión o estrato socioeconómico, arrasan por igual en estacionamientos, negocios y viviendas. En el mejor de los casos, como el anterior, se llevan objetos personales, pero en este país donde es fácil el acceso a las armas de fuego, los ladrones no recapacitan antes de oprimir el gatillo.
 No hace falta recurrir a estadísticas policíacas para notar que los índices de robos y asesinatos se han disparado. Todavía a principios del 2009 era tema de destacados titulares un asalto domiciliario u homicidio.
Pero el tema se va volviendo cotidiano y el receptor del mensaje va perdiendo sensibilidad. Más que enterarse de qué o cómo robaron a alguien al otro lado de la ciudad, importa conocer los detalles del asalto al vecino, al amigo, al familiar.
El cerco se va reduciendo; la zozobra crece. En esta tierra, incluso en tiempos de recesión económica, abundan en los autos los sistemas de navegación, sofisticados equipos de sonido y minipantallas en cada asiento. Tanta tecnología tienta al amante de lo ajeno que permanece al acecho.
Los hay, claro, los que se llevan el auto completo, lo desmantelan y lo abandonan unas calles más adelante, actuando como en las mejores películas de acción, con espíritu rápido y furioso, dejando a la policía una escena para iniciar la investigación.
Por fortuna, se puede confiar en las autoridades, y cada quien hace lo que le corresponde. El temor es que la falta de empleo lleve a la desesperación a más gente, obligándola equivocadamente a hurgar en el armario hasta encontrar el disfraz de delincuente, y que tanta transformación de costumbres rebase la capacidad policial.
Escribir un comentario
|
Comentarios
Y es penoso, la verdad que sí.
Aunque también hay quienes lo hacen por “gusto”.
Hace unos tres años me tocó ver en Valencia, en un mercadillo de esos que se ponen en la calle y que acá les llaman “rastro”, cómo un hombre mayor, todavía fuerte, de buen ver y vestido incluso muy bien, se agachó a ver objetos que había en el tendido de una vendedora gitana.
Por casualidad yo estaba viendo casi las mismas cosas, pero de pie. Cuál va siendo mi sorpresa que voy viendo cómo el hombre se embolsa, cautelosamente, tres relojes a la bolsa de su pantalón. Me quedé de a cuatro, sobre todo porque el hombre se dio cuenta que yo lo vi y como si nada, se paró y siguió caminando. La gitana ni cuenta se había dado, hasta que de pronto me pregunta que qué se me ofrece y casi al mismo tiempo ve las cosas de la venta y pega tremendo grito (que para gritar son muy escandalosas).. “¡me han roba’o, me han roba’o!”... Ya se imaginarán que todas las miradas me llegaron a mi y la de la gitana ni se diga... Fueron momentos muy incómodos que había que aclarar. Lo único que se me ocurrió decir fue “yo no fui” y pedirle a la mujer que me acompañara pronto para mostrarle quién había sido. Me siguió y alcancé al hombre que por suerte no había escuchado los gritos de la mujer. Ahí sí que la mujer casi se le fue encima y lo esculcó todo lo que pudo hasta encontrar sus relojes ante la mirada de muchos curiosos. Pa’ pronto los policías que vigilaban el sitio se acercaron, atendiendo las acusaciones de la gitana, la cual no paraba de gritarle cosas al hombre. Recuerdo muy bien que ella misma le preguntó que por qué había robado si no se veía que fuera un hombre “pobre” o con necesidad. El hombre, sonrojado, se le ocurre decirle “por gusto”.
Increíble que a esa edad, haya personas que salgan con esas cosas. ¡Y por ese “gusto” se lo llevaron los polis!
Hace algunos anios sin tener abundancia en los hogares no se respiraba este ambiente de inseguridad, sera que la sociedad actual es frustrada e inconforme?, hay demasiadas cosas materiales tan cerca de nuestros ojos y tan lejos de nuestras vidas.
Como lo comentas, coches super equipados que a los ojos de quien en ese momento no puede satisfacer sus necesidades primarias, robar es la solucion inmediata.
Creo que ningun sistema "anticrimen" sera suficiente mientras exista marginacion para determinados sectores sociales y etnias.
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.