|
Halloween es la gran celebración que irradia Estados Unidos en todos sus rincones, por oscuros que parezcan, y en la que grandes y chicos salen disfrazados a recorrer los vecindarios en busca de dulces y de diversión, que encuentran por montones cada noche del 31 de octubre.
Las calles que en poblados y ciudades por lo general lucen vacías -pues en este país poca gente prescinde del automóvil- se llenan de almas vivientes bajo tenebrosas caracterizaciones con maquillajes que aterrorizan a cualquiera.
 Aunque cada vez más, a través de los disfraces, los norteamericanos han ido invitando a esta fiesta a princesas, duendes y otros personajes de los clásicos de la literatura infantil y de las más exitosas películas de todos los tiempos.
No pueden faltar los que a través del vestuario recuerdan a sus artistas favoritos, vivos o muertos, sobresaliendo entre estos últimos el rey del rock, Elvis Presley, y el recientemente fallecido rey del pop, Michael Jackson.
Como toda tradición milenaria, el Halloween que llegó al Nuevo Mundo con los inmigrantes irlandeses allá por 1846, ha evolucionado hasta llegar hoy a un festejo en el que prevalecen tintes comerciales.
En la era de la globalización, ya lejos de creencias oscurantistas o religiosas, el que fuera para los celtas tiempo de Samhain, fin de cosechas y principio del invierno, u “All Hallow´s Eve”, o víspera de todos los santos, según la Iglesia Católica, se dispersa por todos los continentes, regresando a Europa transformado en una fiesta en la que muchos la van adoptando simplemente como una ocasión para el regocijo.
En Estados Unidos, conforme se propagaba la costumbre se alejaba de su origen histórico, llegando a sembrar el terror en todos los poblados, y no precisamente por las máscaras empleadas, sino por las prácticas vandálicas de quienes aprovechando la creencia del regreso de los espíritus, salían a dañar viviendas, cosechas y vehículos de quienes les resultaban poco gratos, culpando de los destrozos a los invisibles visitantes.
“Durante mi niñez, 1930-1940, salíamos a ‘decorar’ ventanas de casas y autos de los vecinos, y algunos niños realmente malos metían las mangueras por los buzones de correo de las puertas principales y le abrían al agua, inundando las salas de las casas”, recordaba el señor Glen Bixler.
Este texano, que por décadas dio clases gratuitas de inglés a inmigrantes mexicanos y centroamericanos en Houston, y que falleció el pasado mes de agosto, redactó sus recuerdos de Halloween a manera de breve historia bilingüe para explicar a sus estudiantes el origen de este festejo mal visto por algunas religiones, como la cristiana.
El Halloween está entre las fiestas que no distingue color de piel o nacionalidad en este país, y las actividades relacionadas con la fecha empiezan desde un mes antes, cuando los supermercados son invadidos por calabazas anaranjadas de todos tamaños.
Hay incluso en Estados Unidos un concurso anual para elegir la calabaza más grande, y los ejemplares que participan llegan a pesar hasta más de 200 kilos.
Por toda la nación se abren las llamadas Casas del Terror, algunas publicitadas por todos los medios como no aptas para cardiacos, y la advertencia es muy seria.
 En este país algunas festividades que no caigan en lunes se adelantan precisamente al primer día hábil de la semana, para hacer el llamado “puente”, pero el Halloween es de esas fechas que no se mueven, y se festeja invariablemente la última noche de octubre.
Aunque no figura en los calendarios como asueto, no falta el norteamericano que pide el día libre en su trabajo para hacer los preparativos y estar listo al atardecer, cuando empieza el desfile de cientos de transeúntes que, con bolsa, morral o recipiente en mano, van apresurados deteniéndose en casas previamente decoradas con calabazas, murciélagos, telarañas, fantasmas, brujas o Frankensteins.
Hay barrios donde está tan arraigada la tradición y sale tanta gente a pedir su Halloween, que durante horas las filas en los estacionamientos y jardines de las casas no terminan.
Desde hace décadas circulan rumores de que gente malvada reparte golosinas envenenadas a los niños, sin que hasta la fecha se hayan comprobado tales historias, pero algunos prefieren dejar lugar a la duda prohibiendo a sus pequeños monstruos alejarse de sus domicilios.
Pero no importa si el recorrido se limita a la misma calle, la cuestión es ir llamando a las puertas con la frase mágica de “Truco o Travesura”, siendo aislados los casos en que se cumple la amenaza si no se recibe algún caramelo, goma de mascar o chocolate.
Parte del atractivo de salir a las calles esta noche consiste en ver el terrorífico desfile de modas, pero hay que dormir temprano porque a la mañana siguiente los disfraces y demás artículos relacionados con Halloween amanecen con descuentos de hasta el 75 por ciento, ya que hay que hacer espacio en las tiendas para la mercancía navideña.
Porque así se la pasa uno en este país del consumismo, trabajando mucho cuando hay trabajo, cayendo en la tentación para comprar ornamentos para toda ocasión y buscando diversión ante cualquier provocación.
Escribir un comentario
|
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.