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En Estados Unidos, el país de las compras en exceso, resulta difícil concebir un día sin bolsas de plástico. No obstante, ya algunos Estados y municipios han aprobado leyes o realizado campañas para llamar al reciclaje voluntario.
California, Delaware y Nueva York son los Estados que entre 2007 y 2008 han ido convirtiendo en ley la opción de que negocios con más de 10 mil pies cuadrados instalen botes especiales para acopio de bolsas de plástico con la finalidad de reciclarlas.
 En esta tierra, a donde los europeos llegaron hace más de 400 años, casi todo es grande, por lo que las tiendas con estas dimensiones son las más comunes y están por todas partes, tanto en grandes ciudades como en pequeñas comunidades.
Y los empacadores de mercancía (en México llamados “cerillitos”) no escatiman a la hora de distribuir la compra en las bolsas de plástico, cuando bien podrían meter en cada una más productos. No las saturan, al contrario, usan una por cada dos artículos en promedio.
Esta costumbre podría ser válida en países donde la gente acostumbra a caminar cargando sus compras, ya sea de despensa o de otro tipo, pero en la tierra del Tío Sam nadie carga nada: el empacador acomoda las bolsas en el carrito de la tienda, y en él son llevadas hasta el vehículo del cliente.
Pero hasta los pequeños comercios usan las bolsas de plástico, llegando a despachar hasta un paquete de goma de mascar en su bolsita plástica de unos 10 por 15 centímetros, que son las más pequeñas que he visto.
Porque el servicio al cliente es un punto álgido, se considera una falta de cortesía entregar la mercancía suelta, así sea un dulce. Y pocos comercios optan por bolsas de papel, las cuales usan sólo para despachar cervezas sueltas, alimentando la ilusión de los conductores para despistar a la policía, pues tomar y manejar al mismo tiempo es el pasaporte sin escalas a la cárcel.
Tiendas como Wal-Mart venden desde más de 5 años los morrales de nailon a 1.5 dólares, pero casi nadie los compra. Otras tiendas, como un supermercado llamado Kroger, alterna el uso de bolsas de papel y de plástico.
Scholastic, una compañía que principalmente vende libros, ha impreso algunas sugerencias de un segundo uso de sus bolsas de plástico: guardar trajes de baño mojados, meter calzado deportivo sucio, recoger excrementos de mascotas, o usarlas como bolsas para botes de basura.
Los fabricantes de bolsas de plástico para la compra dicen que este producto es muy bueno, que puede encontrar usos alternativos adicionales, por lo que tirarlas a la basura es un desperdicio.
 Lo que he visto, por lo menos en Texas, es que cada vez más la gente va tomando conciencia acerca del reciclaje, por lo que en muchos condados (las áreas geográficas y políticas que componen un Estado) las viviendas cuentan con hasta tres contenedores diferentes para sacar la basura.
Los deshechos biodegradadles se depositan en los tradicionales botes grandes, y hay una caja de basura verde y otra azul, para vidrio y papel y plásticos, respectivamente. Sólo en fechas especiales se recogen desechos tóxicos. Aunque algunas personas hacen una clasificación más: depositan latas de aluminio en una bolsa aparte.
www.earth911.com reporta que de acuerdo con el Consejo Americano de Química (ACC por sus siglas en inglés), en 2007 más de 35 mil toneladas de bolsas de plástico fueron recicladas en Estados Unidos, lo que representa un 27 por ciento más que en 2005.
Ya leímos en este blog que en países como México, Holanda, España y Emiratos Árabes, aunque sea en parte de su territorio se está haciendo algo por reciclar las bolsas de plástico, para evitar la contaminación del medio ambiente que generan.
Pero este esfuerzo se ha realizado desde antes, empezando en 2002 en Irlanda, China, India, Canadá y Argentina. Y cada vez son más las poblaciones preocupadas por contribuir con el tema ecológico a través de la disminución del uso de las bolsas de plástico, o de la total erradicación de las mismas.
Así que ya podemos ir buscando el morralito de yute, rafia, nailon u otro material, antes de que los ambientalistas les encuentren sus propiedades contaminantes y nos orillen a desplegar el rebozo para llevar la compra a cuestas.
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