Tras masacre de migrantes, ¿qué más necesita México para aniquilar la delincuencia? PDF Imprimir E-mail
Houston, EEUU - Sociedad
  
Viernes, 27 de Agosto de 2010 19:38

Los migrantes centro y sudamericanos que ilegalmente han recorrido parte del continente Americano hasta llegar a Estados Unidos coinciden en que lo más difícil de su viaje no es cruzar la frontera de este país, sino atravesar México.

La mala experiencia del cruce por territorio azteca la comparten quienes han llegado a casa del Tío Sam, ahora que México está sometido a la voluntad de los narcotraficantes, así como los que llegaron antes, cuando la principal amenaza era la propia autoridad migratoria mexicana, que los extorsionaba y maltrataba a cambio de dejarles el camino libre hacia el norte.

Estando en Texas he tenido la oportunidad de hablar frente a frente con algunos de los que, a pesar de los años, no olvidan el trago amargo de su viaje por los estados mexicanos, llegando a Nuevo León o Tamaulipas, esperando ahí el momento idóneo para aventurase por las aguas del Río Bravo.

Algunos dicen haber visto cómo los que los trasladaban, popularmente conocidos como “coyotes o polleros”, no se tientan el corazón cuando tienen que dejar en el camino a un migrante que, enfermo o extenuado, no puede continuar.

Son historias reales, en las que la inclemencia y la crueldad resultan increíbles, indignantes.

Pero siempre los relatos se quedan cortos ante la magnitud del terror que viven quienes en su tierra no han tenido más opción irse a la aventura, cuando quedan a merced de innumerables peligros, de los que muchos no viven para contarlo.

En los países más abajo del Río Bravo siempre hay listas de desaparecidos, de jóvenes, adultos y hasta niños que un día partieron con la esperanza de pisar suelo estadounidense y encontrar trabajo para enviar dinero a sus familiares, quienes se quedan esperando noticias de su llegada a un destino preestablecido.

Pero son muchos los que nunca se reportan, de los que no se vuelve a saber nada, dejando a sus seres queridos entre la letanía y la zozobra, el desconsuelo y la desesperanza.

Alrededor de los migrantes las noticias suelen ser malas en todo el mundo, para casi todos los gobiernos resultan un problema, aunque en todas partes también hay gente preocupada por velar por los derechos humanos.

Lamentablemente la balanza se inclina, por lo general más hacia el lado de los malos, los delincuentes. Pocos gobiernos toman en serio la protección de quienes viven en su territorio y de los que van de paso por él.

En Coahuila, otro de los estados norteños de México, los curas católicos que atienden casas de ayuda a migrantes han dicho que ellos mismos han denunciado desde hace cuatro años las injusticias que sufren los que van de tránsito por parte de empleados de migración mexicana, pero nadie les ha hecho caso.

72 sueños aniquilados  

Con un nudo en la garganta he visto las imágenes, los cadáveres, de las 72 personas que han sido ultimadas presuntamente por el grupo de narcotraficantes en México, conocido como Los Zetas.

En hileras se ven los cuerpos frescos todavía de 58 hombres y 14 mujeres, al parecer procedentes de El Salvador, Honduras, Ecuador y Brasil.

¿Cuál ha sido su delito?: Soñar con un futuro mejor para ellos y sus familias. Querer llegar al lugar que podría proveerles un empleo digno.

Irresponsablemente algunos medios difundieron la imagen del joven ecuatoriano que, haciéndose pasar por muerto, fue dejado con el resto de difuntos en un rancho del poblado de San Fernando, en Tamaulipas, ya cerca de la frontera con Estados Unidos.

Se atrevieron incluso a decir el nombre del hospital tamaulipeco donde estaba siendo atendido, luego de caminar 22 kilómetros con dos heridas de bala y llegar a un puesto de la Marina Mexicana.

Hoy la televisión en Estados Unidos ha presentado ya la imagen difusa de este sobreviviente que pudo poner en alerta a las autoridades mexicanas, mismas que afortunadamente atendieron su demanda de auxilio.

Se ha dicho también que algunas instancias que abogan por los derechos humanos han pedido al gobierno estadounidense protección para los padres de este ecuatoriano, quienes se encuentran viviendo en California.

El sobreviviente ha sido trasladado a donde desde un principio debió recibir atención médica: una base militar mexicana, en la que debe contar con la protección suficiente para librarlo de la delincuencia organizada que en México parece no encontrar límites.

Cada vez, cuando creemos estar viendo lo peor, llega una imagen más aterradora.

Esta vez hubo alguien que con inteligencia, fortaleza y suerte pudo salir del mismo infierno, pero cabe preguntarse si es la primera vez que se produce esta escena en territorio azteca.

La masacre de estas 72 personas debe servir para que el gobierno de Felipe Calderón atienda con determinación y urgencia asuntos que se van apoderando de un país de gente buena, donde hay personas malas que no se detienen ante nada con tal de conseguir más poder, más dinero.

Se ha dicho que estos migrantes fueron asesinados al negarse a participar de las actividades delictivas de los narcotraficantes, pero también hay que considerar la posibilidad de que hayan sido asesinados simplemente por robarles, puesto que cerca de la frontera es donde regularmente los migrantes tienen el dinero para pagar a quienes los ayuden a conseguir su sueño.

Tan inhumanos como los narcotraficantes son los traficantes de personas, así que no hay que descartar una confabulación entre ambos bandos para ultimar a quienes pagan más de 10 mil dólares -cada uno- por ser guiado a un destino promisorio.

El gobierno de Barak Obama ha ofrecido a México la ayuda que sea necesaria ante este caso. Por lo pronto ya representantes consulares de los países de donde presuntamente proceden los muertos, han llegado a Tamaulipas para participar en el reconocimiento de cadáveres.

Alguna vez estuve en San Fernando, un poblado tranquilo como muchos del área rural de nuestro querido México. Difícil resulta pensar que sus habitantes puedan convivir con una tragedia de esta magnitud.

Lo peor es que los mexicanos que permanecen dentro del territorio nacional se van adaptando a la nueva realidad, la sensibilidad va construyendo una armadura que se protege de imágenes cada vez más crudas.

Mientras tanto, hay que identificar los cuerpos de los muertos de San Fernando antes de que esta labor requiera más esfuerzos.

Basta de gastar el dinero y el tiempo en festejos tontos. México requiere intervención inmediata, no del exterior, sino de sus mismas entrañas para combatir el crimen. Hay que actuar ya olvidando la política correcta, hay que salvar al pueblo de mercenarios con traje de narcotraficantes y hasta de políticos.

Pero sobre todo, es urgente localizar a los responsables y asegurase de que respondan por apagar tantas vidas, por aniquilar tantos sueños, por horrorizar a millones, por atemorizar a indefensos, por sentirse dioses.


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Levanta polémica canción para el Bicentenario de México PDF Imprimir E-mail
Sociedad - COLABORACIÓN ESPECIAL
  
Jueves, 26 de Agosto de 2010 15:01
El pasado 18 de agosto, en una ceremonia, el Secretario de Educación Pública de México, Alonso Lujambio, presentó el "tema musical del Bicentenario", una canción llamada "El futuro es milenario", compuesta por Aleks Syntek y Jaime López

Desde el primer momento hubo muchos comentarios en contra de la canción, que llevaron a que Aleks Syntek cerrara "por un tiempo" su cuenta en Twitter, por -dice él-  "la actitud de algunos que están decididos a armar su gran campaña de desprestigio y que de paso se han tomado esto como algo personal conmigo, por desgracia, aunque creo que cualquiera que hubiese estado en mis zapatos le hubiese ocurrido algo similar". 

El sábado 21, Jaime Alcudia, director de Comunicación Social de la SEP, declaró a El Universal que "El futuro es milenario" no es la canción oficial del Bicentenario, sino una melodía para "motivar a la celebración". Dijo también que hay una "pieza de concierto" escrita por José Miguel Delgado Azorín, la cual fue elegida por Conaculta a través de un concurso (y de la cual yo no encontré ninguna noticia al revisar su página). 

Ese mismo sábado, el secretario Lujambio declaró que le inquieta que muchos mexicanos se  si vale la pena festejar el Bicentenario, una muestra de mezquindad en el espíritu de nuestros compatriotas. 

Afortunadamente, dice el secretario, "hay una mayoría aplastante convencida de que hay que festejar nuestra existencia, nuestro ser y nuestra cultura". El lunes 23 de agosto, Milenio Diario publicó una entrevista con Jaime López (puesto que Aleks Syntek no ha querido hablar con los medios desde la semana pasada). 

López se define como "un obrero calificado para hacer un trabajo", señala que todo es producto de una confusión, puesto que no lo contrataron para hacer un himno sino una canción alegre, que en todo caso fue error de la SEP y de la Comisión presentar el tema como algo que no es, y que a él simplemente lo contrataron para escribir un tema.

Si seguimos la línea de las declaraciones de los últimos días, tenemos entonces un tema musical presentado en una ceremonia por un secretario de Estado, que terminó convertido en un jingle hecho sólo por dinero. ¿Por qué entonces tanto enojo plasmado en Facebook, Twitter y otros medios? ¿Qué acaso no es una canción más de Aleks Syntek, como "Sexo, Pudor o lágrimas" o "Una pequeña parte de tí"? ¿Qué ocurrió en este caso para que muchos nos lanzáramos (me incluyo) a la yugular de este cantante? 



 
Yo creo que a Syntek y López les tocó ser el eslabón más débil de una cadena de errores, que comenzó cuando Vicente Fox nombró a Cuauhtémoc Cárdenas como coordinador general de los fesEl Bicentenario mexicano aparece como un acto oficial contrahecho desde su origen. No queda claro qué queremos celebrar, por qué y, lo más importante, para qué. 

Desde el sexenio pasado hemos visto que esa comisión ha tropezado una y otra vez, hasta que la Secretaría de Gobernación le "echó la bolita" a la SEP, para que se encargara de organizar unos festejos que, al parecer, serán como los de siempre, sólo que un poco más vistosos (y caros). Muchos desfiles, mucha música y fuegos artificiales, bailes...y al final la sensación de que todo eso no tiene un objetivo claro.

En mi página de Facebook escribí: "¿Con esta canción vamos a recordar nuestro pasado y le diremos al futuro quiénes somos?". Creo que allí radica el problema. Nuestro gobierno prefiere organizar una enorme fiesta de cumpleaños que nos evite la molestia de reflexionar seriamente sobre nuestra situación actual, el pasado que nos trajó hasta aquí y hacia dónde queremos que transite la nación mexicana. 

El Bicentenario debió servir para hacer esas tres reflexiones, las cuáles son urgentes en este momento, cuando México se la pasa dando vueltas sobre su eje, lleno de problemas y viendo (cuando se atreve a hacerlo) que otras naciones que estaban en situaciones peores que las nuestras están saliendo adelante. 

Hace 40 años, Brasil y La India estaban en una situación pésima. Hoy, son la esperanza del futuro, y junto con China y Rusia serán las potencias de las próximas décadas. La creciente influencia brasileña, el lugar que está ocupando en el mundo, le correspondía a México. Nuestro momento fue hace 20 años, cuando vivimos nuestra pequeña "revolución democrática" que nos trajo el Tratado de Libre Comercio y la salida del PRI de Los Pinos. 

Recuerdo que en esos años muchos columnistas decían: "tenemos como país una oportunidad de oro, si hacemos las reformas políticas y económicas necesarias la sociedad mexicana vivirá una época gloriosa, pero hay que hacerlas ya o el tren del progreso se irá sin nosotros". 

En esa época, Enrique Krauze decía que ante México se abrían dos caminos: uno apuntaba hacia España, el otro hacia Perú. El primero nos llevaría a un régimen democrático, una economía sana y una sociedad participativa y con bienestar. El segundo nos daría todo lo contrario. El tren del progreso partió sin nosotros. No nos subimos a él cuando era el momento. 

Sabemos que dejamos pasar esa gran oportunidad. Hoy vivimos enmedio de la sangre, con grandes temores sobre nuestro futuro, y con mucha desconfianza ante lo que nos dijeron que era nuestro pasado. 

La muestra de ésto es la otra actitud general ante el Bicentenario: "No hay nada que celebrar", "todo es una farsa", "no perdamos el tiempo y el dinero en fiestas que no valen la pena". Habrá quien pueda decir "¡no exageren, es una canción más, y además está pegajosa!" ¿Deveras es "una canción más"? yo creo que este incidente pinta de cuerpo entero lo que ocurre en México en estos días. 

Una canción de Aleks Syntek nos ayuda a ver que nuestros festejos probablemente serán muy divertidos, pero no podrán quitarnos la angustia y el enojo ante ese mañana que pudo ser nuestro y hemos perdido para siempre.

El autor es Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Es miembro de la Red de Historiadores de la Prensa y el Periodismo en Iberoamérica, del Seminario "Periodismo, Historia y Sociedad" ,del Instituto Mora y del "Seminario de estudios interdisciplinarios sobre la prensa", de la FES Acatlán. Escribe en revistas electrónicas. Está terminando su primer libro "La red de los espejos; una historia del diario Excélsior (1916-1976)", de próxima aparición y además es autor del blog http://www.clionautica.blogspot.com/

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‘¡Y la ganadora es... MISS...xico!’ PDF Imprimir E-mail
Monterrey, MÉXICO - Sociedad
  
Miércoles, 25 de Agosto de 2010 01:06

Siempre cuando quedan las últimas dos finalistas en Miss Universo, deseo oír el nombre del país que no quiero que gane, porque por consiguiente y debido a la mecánica, siempre se dice a la primera finalista y, por lógica, la no nombrada ¡es la ganadora!

En esta reciente edición del concurso más internacional de belleza femenina, quedaban como finalistas Jamaica y México. Por momentos creí que sería Jamaica la ganadora, porque para ser francos, la respuesta de la jamaiquina fue excepcionalmente buena, ante la tibia y regular respuesta de la mexicana, a la insípida pregunta del del uso del Internet y los adolescentes.

Pero al final del evento el nombre de la primera finalista fue Jamaica (una especie de Beyoncé, pero más delgada) y México ganaba por segunda vez en su historia el concurso de Miss Universo 2010.

Después de 19 años, 3 meses y pocos días, vuelve a México la corona de Miss Universo que, por primera vez obtuvo la polémica Lupita Jones a inicios de los 90.  Este lunes 23 de agosto y nuevamente en Las Vegas, Nevada, Jimena Navarrete, una atractiva tapatía, repitió hazaña.

Las Vegas es pues desde ahora la ciudad “fetiche”, no sólo del juego, pecado, diversión y rock and roll, sino también el sitio donde las mexicanas son coronadas Miss Universo.

De entrada el concurso se llevó a cabo ahí, porque la organización Trump, que junto con la NBC tienen la franquicia del evento, no logró colocar el certamen en ningún país por el elevado costo que representa.

Habrá que ver si los mexicanos se lo traen por cuarta vez a nuestro convulsionado país (Acapulco, Cancún y Ciudad de México ya fueron sedes), por lo que naturalmente podría ser Guadalajara -la ciudad de donde es originaria la actual Miss Universo- quien recibiera en el 2011 a las cándidas concursantes.

Me asombra la manera en que los mexicanos confabulamos, inventamos, creamos y aseguramos leyendas o mitos en torno a este concurso y muchos otros más.

Ya salieron voces diciendo que el gobierno o el Presidente Felipe Calderón pagaron para que ganara la mexicana; que si un “capo” lo hizo; que si ya estaba “maiceado” (término muy de moda por el Arzobispo Jesús Sandoval Íñiguez y sus polémicas declaraciones en contra de la adopción de niños por matrimonios del mismo sexo).

Que se enojo Trump con el presidente venezolano Hugo Chávez y no hubo “tripleta”, porque muchos ingenuos venezolanos juraban que volverían a coronar a su representante. También se ha comentado que uno de los jueces preliminares del concurso, Carlos Bremer (un financiero regiomontano importante en la escena económica mexicana, también en la americana y además amigo personal de Bill Clinton) inclinó la balanza hacia Jimena o que si México necesitaba esta “ayudada” porque el país tiene mala imagen mundial en estos momentos. Largos etcéteras.

Yo creo firmemente que no hay en sentido estricto tales situaciones. De que ha habido o puede haber línea, tendencias, indicaciones en este tipo de eventos, puede ser, pero así tal cual, “pagar” para que el país gane, no puede ser. Creo y lo comenté en una colaboración del año pasado en este mismo espacio, que Donald Trump pone sus candidatas, o preselecciona a algunas.

El grupo de jueces de este año no incluyo ningún latino y me refiero a los nueve jueces finales que evaluaron el evento de la última noche donde estaba la modelo Niky Taylor, los actores Chaz Palmintieri, Jane Seymour, William Baldwin y el ilusionista Criss Angel, entre otros más. Definitivamente Las Vegas siempre está llena de latinos y mexicanos, lo cual ayuda con las porras y el ambiente que dan al evento, pero si la mexicana no fuera guapa, atractiva o con méritos, de nada serviría tenerla entre las semifinalistas.

Este año Miss Venezuela no llegó a figurar entre las 15 mejores, tampoco Estados Unidos. En esta edición sólo hubo cuatro latinas entre las 15: Puerto Rico, Guatemala, Colombia y México, y por momentos creí que Guatemala llegaría a la final, pues nuestra vecina del sur, además de atractiva, se veía arrojada y también con mucha seguridad.

“Pan y circo para el pueblo”, “frivolidades”, “hay cosas más importantes en estos tiempos violentos”, son algunos comentarios que siempre se escuchan en contra de estos concursos. A como están las cosas a nadie perjudica y sí ayuda mucho este tipo de ceremonias para distraernos o al menos alegrarnos viendo mujeres hermosas de diferentes países.

En esta edición sí extrañé que no hubiera al menos una mujer negra y una asiática entre las finalistas. Padecí -como algunos otros años- la mala traducción y la transmisión televisiva que estuvo mejor en TNT que en Televisa.

El concurso estuvo plagado de cápsulas y segmentos de un señor Farouk, que debe ser egipcio y dueño de una marca de productos para el pelo, que patrocinó el concurso y se me hizo de lo más chafo. ¡Comercialización al límite, tipo Trump!

Y por favor, espero que ahora acabe esa invención popular de que Lupita Jones “no quería otra Miss Universo mexicana”; le debemos más de 15 años de profesionalizar a nuestras misses y de que varias de estas hayan alcanzado muy buenos lugares, de dedicar tiempo y esfuerzo para que nuestro país haga un excelente papel en concursos de ese tipo y para muestra está no sólo Miss Universo, sino Miss Mundo, donde las mexicanas han sobresalido.

Es justo decir que estos últimos años han pasado mujeres que pudieron y debieron ser Miss Universo. Me quedo con dos de ellas: Laura Elizondo, que en 2005 quedó de tercera finalista en Tailandia, y Elisa Nájera, que en el 2008 logró ser la cuarta finalista en Vietnam.

Le duela a quien le duela, cualquiera de estas dos bellísimas mujeres hubieran sido una excelente Miss Universo, pues tenían todo: belleza, altura, inteligencia y, en un descuido, comparándola con nuestra flamante Miss Universo 2010, Jimena Navarrete, ésta última pudiera salir perdiendo en las comparaciones.

Por lo pronto Jimena es bella y es nuestro orgullo este año. Le debemos una alegría en estos tiempos tan tristes que vive nuestro país y en estas fechas de Bicentenario, que muchos ni queremos celebrar. ¡Bravo, Jimena! ¡Felicidades Lupita y viva MISS…xico! Ya llevamos dos Miss Universos... ¿para cuándo la tercera?


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Vacaciones en el ojo del huracán: Monterrey PDF Imprimir E-mail
Däniken, SUIZA - Personal
  
Lunes, 23 de Agosto de 2010 22:50

Llegué con mi familia a media tarde del sábado 17 de julio pasado a Monterrey, proveniente de una semana de relax en las playas de Miami. Habíamos planeado las vacaciones desde principios de año y un mes antes de emprender nuestro viaje, ya estábamos muertos de miedo por todo lo que se conocía a través de los medios sobre la incesante ola de violencia en la capital del estado de Nuevo León.

En más de una ocasión mi marido y yo hablamos del tema y de la posibilidad de cancelar la segunda parte del viaje (Monterrey); hasta hicimos un “plan B” en caso de que las cosas se pusieran peor. Pero pudo más el sentimiento de no ver a mi familia en tres años y allá fuimos.

El impacto fue instantáneo una vez que llegamos a Monterrey, pues el trayecto normal del Aeropuerto hacia casa de mi madre estaba impedido. Largos recorridos buscando calles no tan transitadas y en buen estado, convirtieron los 30 minutos habituales en poco más de una hora: justo habían pasado dos semanas que el Huracán Alex destrozara media ciudad.

A mi paso pude ver, hechas realidad, las fotografías que dieron vuelta al mundo en manos de la prensa: puentes rotos, calles cerradas, árboles caídos y casas muy afectadas. Afortunadamente el barrio de la casa de mi madre no sufrió daño alguno, a pesar de encontrarse cerca del famoso Río Santa Catarina, desbordado.

Mi familia y yo teníamos algo en mente desde mucho antes de llegar. Estas serían unas vacaciones para disfrutar a la familia, sin muchas salidas como en visitas anteriores. Sabíamos bien sobre el peligro latente–aún ahora- en las calles después de oscurecer, con los enfrentamientos entre narcotraficantes de bandos contrarios o entre estos y la fuerza militar.

No fue sino hasta la siguiente semana cuando, un poco aclimatada ya al lugar, me topé con la primera balacera en las calles durante mi camino hacia una tienda de conveniencia. En el coche íbamos solas mi hija de 7 años y yo, en una de las pocas avenidas rápidas que quedaron con vialidad libre.

De pronto los coches circulaban más lento, con muy poca distancia entre unos y otros, me desesperé y comencé a rebasarlos. Vi cómo había un espacio enorme entre ellos y una patrulla de policía y fue ahí cuando me di cuenta del peligro. En ese momento pensé que los coches ponían mucha distancia de por medio, por el temor de que algún grupo armado les disparara y el resto fuéramos alcanzados por la balas.

Era cierto, debajo del puente a desnivel por el que pasábamos, se desataba una balacera en la que murieron dos jóvenes de 24 años ambos; “halcones de la delicuencia organizada”, decía la prensa del día siguiente. De regreso a casa, pues no tenía otra alternativa que recorrer el mismo camino, ya estaban el centenar de pratullas y soldados en el punto donde se dió el fuego asesino.

Aquel episiodio ocurrió pasadas las 7 de la tarde, ni siquiera estaba oscuro todavía, señal inequívoca de que el peligro ya no era exclusivo de las sombras nocturas. Habría que extremar precauciones.

En más de una ocasión me tocaron como vecinos de semáforos vehículos tipo “pick up” con hombres que no escondían sus armas largas, más bien las sostenían con orgullo en sus costados. Sobresalían de los vidrios de las ventanas, podían verse aún con estos cerrados y oscurecidos. ¡Qué horror!

La reacción generalizada de la gente era voltear la mirada hacia otro lado de forma inmediata, hacerse como si no hubiéramos visto nada. Mis ganas de fotografiar aquella nueva realidad de mi terruño eran muchas, pero el temor por la seguridad de los míos fue mayor y no me atreví a hacerlo.

Varias veces nos reunimos con toda mi familia, casi siempre los festejos terminaban temprano por el temor generalizado de las balas callejeras que son el pan de cada día. En ciertas ocasiones algunos sobrinos y sus familias se toparon con bloqueos u operativos de la fuerza armada, luego de episodios violentos. Todos nos comunicábamos entre nosotros hasta saberlos llegar sanos y salvos a sus casas. Algo inusual, hasta por lo menos tres años antes, en nuestra última visita.

Las salidas a parques recreativos fuera de Monterrey fueron totalmente nulas, las autopistas hacía los puntos lejanos son sumamente peligrosas a cualquier hora. Los criminales, además de sus enfrentamientos a balazos en los que mucha gente inocente queda herida, utilizan la violencia física para despojarla de sus vehículos y robarlos, o para sus ya muy famosos bloqueos viales.

Corría la segunda semana y, un poco más confiada, regresaba de una de mis salidas sola a una reunión con mis amigos bloggers regios. En el trayecto se me ocurrió pasar a recoger a uno de mis hermanos a su negocio para llevarlo a su casa. Cuando llegué hasta donde él estaba, me comentó que su esposa tal vez ya iba en camino y le contesté que entonces me iría directo a casa.

Él lo pensó un momento y optó por hablarle por teléfono para informale que se iria conmigo, me pidió 10 minutos mientras hacia el corte de caja y cerraba el local. Yo mientras esperé en el coche.

Apenas arrancar de ahí, me di cuenta que a unos tres o cuatro autos adelante nuestro, iba una patrulla que de pronto encendió su torreta. “Ya pasó algo”, le comenté. Trato de tranquilizarme diciéndome que seguro no era nada, más que un rondín de rutina. “No creo, acabo de ver cómo encendió su torreta”, le dije, pero no me hizo mucho caso.

Sólo recorrimos unas cuatro cuadras cuando la patrulla se atravesó en una calle, el policía salió para desviar el tráfico hacia las calles aledañas. En ese momento mi cuñada habló al celular de mi hermano y le pregunto por cuál calle íbamos circulando. Cuando mi hermano le dijo el crucero por el que pasábamos, alcancé a escuchar como ella –histérica- le decía: “¡Sálganse de ahí, dos cuadras adelante hay una balacera!”.

En efecto, en aquela ocasión los militares mataron a un narcotraficante e hirieron a dos más cuando, al disparale a las llantas de su coche, salieron los tres corriendo y disparándoles. Antes, había chocado con un taxi en el que iba una familia al completo: los padres, sus tres hijos y el taxista. El taxi volcó hasta quedar en posición vertical, los paramédicos hicieron esfuerzos enormes para sacar a los heridos de ahí. Se cerró prácticamente una parte del centro de la ciudad y aquello se volvió un caos.

Lo peor para mí fue pensar en que, sí me hubiera ido sin mi hermano cuando le dije que me iría directo a casa, hubiera quedado enmedio del fuego cruzado. Aquellos 10 minutos de mi hermano, para cerrar su negocio, me salvaron de toparme de frente aquel espectáculo espantoso.

La siguiente semana y media de nuestra estancia, pasó sin ningún otro suceso como los anteriores, pero el miedo ya se había apoderado de nosotros. Prácticamente quedamos en casa la mayor parte del tiempo, saliendo sólo dentro de distancias cortas y asegurándonos siempre de circular por calles que tuvieran salidas alternas en caso de necesidad.

Mis parientes me decían que exageraba. Tal vez ellos, como la mayoría de los regiomontanos, ya están acostumbrándose a vivir a salto de mata; tal vez ya estén sensibilizados al temor, pero a mi –aún ahora a la distancia- me sigue pareciendo demasiado peligroso.

‘Mala suerte...’

Mi marido dice que, basados en las estadísticas de la cantidad de habitantes de Monterrey y su área metropolitana, así como el número de posibles integrantes de la delincuencia organizada y el área de acción de estos, la probabilidad de sufrir un suceso lamentable es algo baja. Yo no quería hacer la prueba y sí, lo reconozco, el miedo se apoderó de mi... ¡y de mi marido!

Creo que él también estaba rebasado con los acontecimientos, tanto que abrió un blog escrito en alemán, nomás para relatar lo que nos acontecía en la Sultana del Norte. Alguien lo vio en algún directorio de blogs suizos y una persona del periódico “20 Minuten Online” lo contactó vía e-mail. Luego de un intercambio de correos electrónicos, le llamaron hasta Monterrey para hacerle una entrevista que fue publicada el pasado viernes 20 de agosto y cuyo cabeza se traduce así: “Mala suerte, de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada”.

En ella se tocaron varios temas relacionados con el narcotráfico, como la falta de libertad de expresión en los medios mexicanos, el temor de estos a publicar los sucesos tal y como suceden, y la extrema libertad de los medios no tradicionales para abordarlo en forma cruda e irreverente, tal como sucede con uno de los blogs que más controversia internacional está causando en el momento: El blog del narco

Lo cierto es que los últimos 10 días que pasamos allá, hubo una calma aparente y regresamos a Suiza con bien, aunque con un sabor amargo en la boca.

No pasaron 24 horas de nuestro regreso a Suiza, cuando se supo del secuestro y posterior asesinato del alcalde de Santiago, Nuevo León y del enfrentamiento en el Colegio Americano de Santa Catarina, donde murieron dos guardas de seguridad privada del Grupo FEMSA. Y lo que nos falta por ver.

No sólo en Suiza se habla del peligro que se corre en México. Las noticias de ejecuciones y balaceras son tema internacional, y eso me hace sentir pena por mi país.

Y no por el prestigio o desprestigio de la nación, sino por el temor de que en un momento u otro, mi familia o conocidos lleguen a ser víctimas inocentes, como ya ha pasado en tantísimas ocasiones en los últimos años.

La pregunta que mucha gente se plantea es ¿Existen soluciones posibles para combatir esta problemática?  Tal vez. Se barajan muchas medidas, como la militarización del Estado, la intervención de los Estados Unidos, como sucedió con Colombia, la legalización de algunos tipos de drogas, la concientización de la población sobre la denuncia o el hecho más socorrido por los pudientes: huír del país.

Bien lo dijo Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

¡Dios nos agarre confesados! 


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