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El difícil arte de la crianza binacional PDF Imprimir E-mail
Däniken, SUIZA - Sociedad
  
Miércoles, 02 de Junio de 2010 21:50

La mayoría de mis amigas se casaron mucho antes que yo, así que cuando tuve a mis hijos ya tenía un poco la idea de las vicisitudes que pasa una madre “moderna”. Alguna de ellas, no recuerdo exactamente quién, me dijo algo que me dejó pensando: “todo iba bien en el matrimonio, hasta que llegaron los hijos”.

Y si ya por “default” es complicado educar a los hijos en pareja, porque uno tiene unas ideas y el otro... otras, la crianza se vuelve un poco más dura cuando los padres no pertenecen a la misma cultura.

En mi caso, combinar las culturas mexicana y suiza, ha sido hasta el día de hoy una tarea titánica. En un principio parecía algo simple. Mientras mi primer hijo era un bebé, su padre y yo planeábamos ilusionados su futuro; llegábamos a acuerdos imaginarios en los que cedíamos ambos a ciertas de nuestras costumbres para tratar de ejercer la paternidad lo mejor posible, por el bien de la criatura.

Pero en la práctica otro gallo nos cantaba. Conforme el niño iba creciendo, la distancia entre nuestros acuerdos también se iba haciendo mayor. Porque no es lo mismo planear que llevar a la práctica, más aún cuando se vive en una sola cultura. Sin quererlo, y como es de suponerse, la balanza se inclina siempre hacia ese lado cultural.

Por ejemplo, en el aspecto médico, si mi hijo presentaba 39 grados de temperatura, mi primer impulso era llamar al médico. Pero mi marido me paraba en seco porque aquí en este país no sólo se requieren 40 grados de temperatura para obtener una cita con el pediatra.

Primero que nada hay que tratarlo en casa con nuestros propios medios, dejar pasar por lo menos cinco días y si no se “compone”, entonces tendremos el derecho “divino” a llamar al galeno.

En más de una ocasión me regañó la asistente del médico porque yo llamaba al día siguiente de que mi hijo empezara a sentirse mal. Mismas veces en las que yo deseaba con toda mi alma, estar en México “donde sí me hacen caso los doctores”, le decía desesperada a mi media naranja.

Años más tarde, las diferencias de opinión se fueron por otro lado, el de la permisividad. En Suiza se tiene la creencia de que a los niños hay que dejarles hacer su voluntad, en total libertad. Tal vez sean cosas tan simples como permitirles no saludar a los adultos, o no utilizar las formas sencillas de cortesía como “con permiso” o “gracias”.

Mis hijos son todavía pequeños, pero a mi marido y a mi nos esperan todavía más puntos de cruce cultural como la sexualidad. Aquí, a partir de los 12 años se recomienda llevar a las niñas a una plática sobre control natal con un ginecólogo, bajo el supuesto de que la actividad sexual empieza a esa edad y con la finalidad de evitar embarazos precoces no deseados.

La escolaridad es otro punto importante pues mientras en México lo ideal es prepararse académicamente lo mejor posible, en Suiza son pocos los elegidos que pisarán una universidad. Primero porque no existe un sentimiento de ‘”hacer dinero”, o el hambre de poseer bienes inmuebles y, segundo, porque desde la primaria se etiqueta a quienes tienen “capacidades” suficientes para emprender una formación profesional.

La mayoría de los jóvenes tienen que hacer el aprendizaje y la práctica de un oficio al término de la educación media superior (secundaria), pero luego de probar las mieles que da un sueldo a tan corta edad, terminan deslumbrados por la incipiente independencia económica que eso les produce y se alejan de la escuela. En realidad son unos pocos los estudiantes en las universidades suizas.

En el aspecto social-familiar la costumbre es que, una vez preparados para obtener un salario -aproximadamente a los 18 años- los jovenzuelos salen del hogar paterno a vivir, ya sea con su pareja o con un grupo de amistades.

En algunos casos son los mismos padres quienes los instan a salir de hogar, so pretexto de hacerse personas independientemente responsables (sic). Este fue el caso de mi marido, por ello nosotros nos pusimos de acuerdo en que los dejaremos elegir a ellos libremente en este aspecto.

Ya de entrada, el trabajo de educar en pareja a los hijos es difícil, sobre todo en estos tiempos modernos. Pero hacerlo dentro de una pareja binacional, tiene otros bemoles, aunque no tan  graves que una buena comunicación interpersonal no pueda resolver.


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Comentarios  

 
#2 IdiomaAngela Monte 03-06-2010 13:48
Yo hablo solo español con mis hijos, primero que nada porque si le hablara alemán -el idioma de la región donde vivo- lo haría incorrectamente porque por muy bien que lo aprendiera, no es mi lengua materna. En segundo lugar, fué recomendación del pediatra desde que nacieron los bebés: cada progenitor deberá hablar su idioma materno.

En casa se habla español... cuando yo estoy presente, pero mi marido y mis hijos hablan alemán entre sí. Algunas veces, al escucharlos, meto mi cuchara en su plática pero lo hago en español. Ellos, automáticamente cambián a mi idioma.

Pero cuando me encuentro en un ambiente netamente suizo, entonces tengo que dirigirme a mis hijos en alemán como cortesía para el resto de las personas y nos puedan entender. Esas ocasiones son las mínimas.

Gracias por tu opinión a cerca del post, saludos de regreso!
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#1 CrecimientoJanette Vera 03-06-2010 00:52
Hola. Soy janette vera, lei tu articulo y me parecio muy interesante!
Fijate que yo tenia otra concepcion de Suiza. Pero bueno independienteme nte de ello... me gustaria preguntar y si no es indiscrecion: hablas con tus hijos en espanol??? Se que en Suiza se hablan 3 idiomas, algunas personas dominan 2 idiomas o los 3, pero el espanol donde entra?
Te escribo, porque yo estoy casada con un chico italiano, aun no tenemos hijos, pero me gustaria saber tu opinion sobre ese topico. Muchos saludos Janette :-)
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