Hundimiento. A pocos meses de cumplirse un siglo de la tragedia del Titanic, la vida moderna nos presenta un suceso lamentablemente parecido con el encallamiento -hace unos días- del crucero italiano Costa Concordia.
Mientras que el Titanic chocó contra un iceberg, debido tal vez a la inexperiencia en la navegación de un barco de tal envergadura, las causas del encallamiento del Costa Concordia -que ya tenía al menos 6 años operando- aún no han sido reveladas por la autoridades.
“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver“ era un parlamento del actor John Derek en su papel de Nick Romano para la película Knock on any door (1949). Pareciera que la frase aplica como slogan a lo que en las últimas décadas se le ha dado por llamarse “La maldición del Club de los 27“.
Estrellas del firmamento musical como Brian Jones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain eran los miembros de este macabro club que, el pasado sábado 23 de julio le dio la bienvenida a la lista, a una más: la inglesa Amy Winehouse.
Todos ellos, de una u otra forma, murieron en sucesos trágicos relacionados con el consumo de drogas, acohol o la combinación de ambos. Además de ello sus vidas fueron tormentosas y escandalosas al ojo público, producto del precoz éxito masivo y económico de carreras meteóricas, que el mismo público encumbró hasta llevarles a la muerte.
El caso de Winehouse no fue la excepción; joven enormemente talentosa que con su voz y estilo trajo de regreso al panorama musical el soul-jazz del que ya casi nos habíamos olvidado. Se convirtió en superestrella con sólo 20 años de edad -cuando salió al mercado su primer álbum- Back tu black.
Con él recibió infinidad de premios importantes como los Brit Awards y MTV Europe Music Awards. Pero en 2008 fue la ganadora absoluta de los Premios Grammy con su segunda -y última producción- Frank.
En ese corto período de tiempo, su vida se convirtió en un mar de adicciones y traspiés personales que la llevaron a centros de rehabilitación, por su adicción al alcohol y las drogas. Existen pocos videos de la cantante en los que se le vea sobria durante sus conciertos, y no menos testimonios gráficos que pudieran considerar la suya como una vida “normal“.
Los medios y una parte de su público, se sorprendían con su forma tan desacertada y autodestructiva de manejar el éxito, sobre todo en los tiempos actuales en que el ser estrella implica mucho cuidado y menos peligros, en comparación con aquellos tristemente célebres miembros del Club de los 27.
La suya fue una muerte que, aunque parezca cruel, se veía venir. En las últimas semanas se había preparado para lo que sería su gira del verano del 2011, acudiendo una vez más a un tratamiento de rehabilitación para estar en buena forma y cumplir con las fechas anunciadas en toda Europa.
Pero sus monstruos internos no la dejaron cumplir su propósito y, sin más remedio, cancelaron su gira luego del escándalo ocurrido en el concierto de Belgrado en el que se presentó totalmente alcoholizada y en el que difícilmente pudo terminar una canción completa.
El pasado sábado 23 de julio fue encontrada sin vida en su departamento de Londres. La policía todavía no ha dado a conocer las causas de su muerte, aunque los medios internacionales ya se han adelantado a especular acerca de una sobredosis.
Triste desceso de una celebridad tan talentosa. Sirva de ejemplo no sólo para personajes públicos y famosos sino para la juventud en general. Las drogas... ¡realmente destruyen!
Martha Rivera AlanísAsombroso es el calificativo que merece el video de la maestra de preescolar -de nombre Martha Rivera Alanís- salvaguardando la integridad de su grupo en medio de una balacera en las afueras del plantel en que se desarrollaba su clase.
Con toda la sangre fría posible, tal vez costándole un enorme esfuerzo, instaba a sus niños a ocupar sus sentidos en algo tan opuesto como cantar una canción para distraerles del horror que pudiera causarles el estruendo de las balas –algo muy común en algunos estados de la República Mexicana- de un episodio violento entre dos cárteles rivales del narcotráfico en Monterrey, México.
Éste, señores, es el contexto en el que crecen nuestros hijos en el México de hoy.
Los niños y adolescentes mexicanos viven una infancia muy diferente de lo que se estima; deberían ser los días más importantes del ser humano, marcarán/formarán el resto de su vida.
Para ellos ya nada es novedad, día a día se acostumbran a ver cuerpos desmembrados y hombres armados por doquier. Los mismos educadores, además de las materias de rigor, enseñan a los infantes cómo reaccionar en los momentos de violencia. Violencia que desde hace algunos años ha pasado a formar parte de la cotidianeidad mexicana.
La cosa no ha parado solo ahí, el fenómeno narco-violento ha escalado otros aspectos sociales, llegando a situarse como marco de referencia o modelo a seguir por nuestros jóvenes en cualquier género.
¿Fuerte, verdad? ¿Pero a qué o a quiénes debemos esta triste realidad? ¿Cuándo o cómo fue que nos perdimos en este vacío de valores y empezó a reinar la anarquía y el caos social?
Los jóvenes -varones- tampoco escapan a esta tétrica moda. Las notas periodísticas señalan una cantidad importante de menores de edad capturados, formando parte de los cárteles de la droga que luchan diariamente por ganar sus respectivos territorios. Tristemente alguno de ellos mueren en los operativos, sin siquiera haber cumplido la mayoría de edad.
Responsables de la actual situación, se mencionan muchos: los medios de comunicación, la extrema violencia de programas y juegos audiovisuales, la falta de dirección parental, la poca oportunidad de empleo, etc. Lo cierto es que pocos son los programas que, dirigidos a la niñez y juventud o a sus padres, se han desarrollado como manera de prevención a este tipo de problema social.
Héroes como la maestra Rivera Alanís deberíamos ver más frecuentemente en los medios, más aún, en las aulas. Padres y/o madres como Alejandro Martí, Javier Sicilia, Isabel Wallace y algunos otros que escapan a mi memoria reciente y que siguen en pie de lucha contra la impunidad y el tortugismo judicial, aún después de haber perdido a sus hijos a manos de la violencia imperante... ¡es lo que México necesita!
Eso mismo: educación y parentalismo de la mano, es lo que -si bien nos va y a muy largo plazo- podría erradicar la peste social que ha dejado una estela de muerte y corrupción en el México de nuestros días.
Convirtámonos en héroes, aunque sea anónimos, de nuestra propia realidad. Exijámosle al gobierno y sus instituciones que cumplan con sus obligaciones para que, sin pensar en el hubiera y el habría, “otro gallo nos cante".