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A pesar de todo... cuatro medallas en Beijing |
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DEPORTES
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Escrito por Norma Saldaña, en Querétaro, MEXICO.
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Domingo, 24 de Agosto de 2008 16:57 |
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La fiesta de Beijing llegó a su fin. La delegación mexicana obtuvo dos preseas de oro y dos de bronce, con lo que se ubicó en el lugar 36 del medallero.
Los oros en taekwando de María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez, así como las de bronce a manos de las clavadistas Tatiana Espinosa y Tatiana Ortiz en clavados sincronizados, tienen tremendo valor, nos saben a gloria debido a todos los obstáculos que tuvieron que sortear para obtener la clasificación a los Juegos Olímpicos de China.
Como es bien sabido, los recursos económicos para los atletas de élite en México son entregados a cuenta gotas o muchas veces no llegan a sus manos.
Más allá de la pobreza, de la alimentación propia de un país en vías de desarrollo, de instalaciones deportivas que dejan mucho que desear, entre otras cosas, tristemente en nuestro país la burocracia es el principal obstáculo a vencer.
Además, es un país donde existen todavía los cacicazgos, no sólo en el campo, sino también en las pistas, arenas, tatamis y canchas deportivas.
Analistas y conocedores del deporte atribuyen a Mario Vázquez Raña, miembro permanente del Comité Olímpico Internacional y quien fuera durante muchos años presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), la mala racha que arrastra este país en el olimpismo.
Al dueño de la famosa cadena de diarios Organización Editorial Mexicana se le achaca la mala administración de los recuros destinados al deporte y, por ende, las raquíticas cosechas en las justas olímpicas.
Como ocurre cada cuatro años –tanta repetición aburre- diputados citarán a comparecer al actual dirigente del COM, Felipe “Tibio” Muñoz, para que rinda cuentas ante el Congreso de la Unión y explique por qué sólo los nuestros pudieron traer cuatro medallas.
A ver qué cuentas entrega y cómo explica la derrota, claro, si la derrota en algún caso se puede explicar.
Pese a todo, la cosecha traída este año es la mejor conseguida en oro en los últimos 24 años. Antes de las preseas doradas de Guillermo y María del Rosario, Raúl González había conseguido una en caminata, en Los Ángeles 1984.
Eso sí, cada medalla de oro se puede convertir en casi 8 millones de pesos, algo así como 520 mil euros.
Sí, la Comisión Nacional del Deporte (Conade), a cargo del ex futbolista Carlos Hermosillo, anunció un incentivo económico para cada presea dorada de la siguiente manera: un aporte inicial de la inciativa privada de 5 millones de pesos, más 400 mil pesos que donará el gobierno federal a través de Conade, así como 50 mil pesos mensuales otorgados por Telmex durante cuatro años, para un monto de 2 millones 400 mil pesos y un gran total de 7 millones 800 mil pesos.
Además, prometió 4.3 millones de pesos para las de plata y 3.2 para las de bronce.
Me pregunto por qué los incentivos económicos no se les otorgan antes de las competencias, para que entonces puedan dedicarse sólo al deporte y así conseguir más medallas.
En fin. Esta vez, me quedo con la emoción que sentí al escuchar dos veces el himno nacional en la misma olimpiada. Tan sólo de acordarme se me enchina la piel.
Seguro que a cualquier mexicano le hubiera gustado estar, al menos un segundo, en los zapatos de Memo y María del Rosario cuando veían nuestra bandera subir por encima de todas las demás.
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La Cabalgata de la Cerámica |
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SOCIEDAD
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Escrito por Margarita Morales, en Valencia, ESPAÑA.
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Viernes, 22 de Agosto de 2008 01:19 |
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Unas fiestas patronales muy populares en la Comunidad Valenciana y que este año han sido declaradas de interés turístico, es la Fiesta de la Cerámica que se realiza en Manises, población conocida internacionalmente por su cerámica.
 Dentro de estos festejos que se realizan del 2 al 20 de julio, en honor de las Santas Justina y Rufina, destaca la tradicional Cabalgata de la Cerámica, entre un amplio programa de eventos que va desde exposiciones, competencias deportivas, paellas monumentales, cenas-bailes, festivales de bandas musicales y castillos de fuegos artificiales, hasta conciertos con cantantes conocidos.
En estos festejos tuvimos oportunidad de asistir a la elaboración de una paella monumental y a la misma cabalgata, cuya experiencia, además de divertida, resultó visualmente atractiva.
 Entre tanto evento, este desfile es uno de los más esperados por los maniseros (y los que no lo somos también), y no se puede dejar pasar por el simple hecho de que se regala en abundancia piezas de cerámica de muy buena calidad, que este año ascendieron a más de 400 mil unidades.
Varias carrozas decoradas desfilan lentamente por algunas calles, repletas de cajas con cerámica que ha sido donada por talleres o fábricas. Aunque al principio del recorrido la repartición de piezas se da de manera “tranquila”, conforme éste avanza empiezan los empujones, arrebatos, gritos y uno que otro jaloneo entre la gente que se acerca pidiendo piezas.
Para asistir es necesario ir con otra persona, pues mientras una “trabaja” en pedir piezas, la otra se encarga de guardar y cuidar lo conseguido. También es importante llevar bolsas resistentes, aunque al final cualquier ciudadano acaba con dos o tres cajas llenas de cerámica, de las mismas que van desocupando las personas que reparten.
Esta fiesta es tan conocida entre personas de otras poblaciones, que no faltan aquellas que cada año acuden llevando no sólo sus bolsas, ¡sino maletas para guardar las piezas!
Macetas, jarrones, paquetes de platos, floreros, juegos de piezas para el baño, platos hondos, bases de lámparas y portarretratos, son algunos de los artículos con los cuales uno regresa a casa, luego de haber participado en la cabalgata.
Cuando las carrozas van pasando, las calles se aprecian llenas de confeti, pedazos de cerámica quebrada que cae al suelo entre tanto empujón o arrebato y cajas vacías por doquier. Eso sí, los camiones encargados de la limpieza, inmediatamente empiezan a poner orden.
Si duda alguna, ¡una acontecimiento divertido!
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¡Ojo a la hora de emigrar! |
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SOCIEDAD
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Escrito por Laura Zamora, en Miami, EE.UU.
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Martes, 19 de Agosto de 2008 23:15 |
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El 16 de agosto de 2008, Gabriela y su esposo Daniel terminaron de empacar su ropa, muebles y demás pertenencias para cerrar la casa que tenían en renta en Miami, entregar la llave a su dueño, y regresar a México capital, donde antiguamente residían.
El motivo: la empresa que a Daniel le había ofrecido un puesto directivo en una oficina en la Florida nunca le tramitó la visa de empleo que le había prometido y, luego de un año en que él y su familia estuvieron en calidad de turistas, el jefe que lo hizo mudarse a Estados Unidos, finalmente le dijo que volviera a México a ocupar su antiguo trabajo.
¡Menos mal! Mínimo esa familia no se quedó sin sustento, después de que la vida les cambió al dejar casa, vender muebles y cambiar la escuela de los niños; y todo por ir a Miami. En un principio, a Daniel le dijeron que llegando a esa ciudad le tramitarían la visa para poder trabajar, lo que nunca ocurrió. Por ello, él y su familia siempre tuvieron visa de turistas.
Lamentablemente, historias como ésta se escuchan mucho en Miami o en cualquier otra parte de la unión americana.
Aunque es conocido que tenemos que asumir los riesgos de nuestras decisiones, situaciones como la de Daniel no dejan de ser injustas. Este es uno de los casos en que una persona quiere hacer las cosas de manera legal y al final no le resultan.
No obstante, también existen aquellos que deciden quedarse a “la brava”, como ilegales. Pero, ¿qué futuro tienen? Ninguno.
Al quedar sin una visa de trabajo, deberán ganarse el sustento en forma ilegal y, créanme, esos mil 200 dólares al mes que se ganan como agricultores, jardineros o limpiando casas, realmente no sirve para mucho en una ciudad donde vivir es muy caro.
Eso no es lo peor. Lo peor llega cuando los hijos crecen y desean estudiar en la universidad. Les será imposible porque los niños ilegales pueden cursar kinder, primaria, secundaria y hasta la preparatoria, pero sus aspiraciones se truncan al llegar al grado universitario. A los sin papeles no les es permitido acceder a la universidad.
Volviendo a Gabriela y Daniel, ellos no querían regresar a la Ciudad de México, donde la inseguridad es cada vez peor y ni hablemos de la contaminación y muchos otros inconvenientes.
Sin embargo, optaron por regresar, con la promesa de volver a la cálida capital de La Florida, pero eso sí, de la manera correcta: pedirán a la empresa que dé trabajo a Daniel, quien posee un atractivo curriculum laboral, una visa de empleo por anticipado.
Así debe ser y no al contrario, porque en estas situaciones en que se cambia el sistema de vida no sólo de una persona si no de toda su familia, no se puede confiar demasiado en los demás para que hagan lo que deben hacer, y mucho menos en las empresas que ven a los empleados como números. Y puede que tengan razón, porque ninguna compañía es un centro de beneficencia.
No podemos buscar culpables, pero sí es necesario que quienes deseen emigrar verifiquen la legalidad de lo que las empresas les ofrecen y, sobre todo, que se asesoren con expertos para que no haya más Gabrielas y Danieles.
En estos casos, la desconfianza y la precaución pueden ahorrar muchos malos momentos como empleado, esposo y padre.
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Inmigrantes que disimulan sus rasgos étnicos |
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SOCIEDAD
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Escrito por Margarita Morales, en Valencia, ESPAÑA.
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Viernes, 15 de Agosto de 2008 20:22 |
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En días pasados me encontré en el diario El País una nota que llamó mi atención, principalmente por el titular: “Centenares de inmigrantes recurren al bisturí para limar rasgos étnicos”.
Su contenido me sorprendió y hasta me pareció tema de reflexión.
La nota se refiere a que algunos inmigrantes de los que hay en España, sobre todo de América del Sur, están recurriendo a ciertas intervenciones como la rinoplastia (cirugía que resuelve problemas estéticos de la nariz), a fin de disimular sus rasgos étnicos.
Sorprendente a la vez que preocupante este hecho, porque no están recurriendo a operarse por problemas en sus narices, sino porque desean modificar sus rasgos étnicos con el penoso fin de estar más cerca del “canon de belleza occidental”.
Entre el total de su población (46 millones de habitantes), España tiene una buena cantidad de inmigrantes, fenómeno que ha crecido en los últimos años y que en la actualidad rebasa los 5 millones, entre los cuales destaca gente procedente de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú.
Con la llegada de tanto extranjero, la inmigración se ha convertido en todo un fenómeno para gobierno, sociedad y sobre todo para quien viene de fuera que, para bien o para mal, ha tenido que aprender a convertirse en inmigrante.
Quizá por eso es que esta modalidad de operarse la nariz, será para muchos latinos, sobre todo los que tienen rasgos étnicos muy marcados, una forma de “adaptarse” a la nueva cultura que los acoge.
Válido es que cualquier ser humano desee hacerse una reparación física en alguna parte de su cuerpo, por sentirse bien consigo mismo, por elevar su autoestima o por vanidad, siempre y cuando tenga dinero para hacerlo.
Pero accionar el cerebro para tomar la decisión de modificar el rostro que revela las raíces de donde uno procede, sólo por formar parte de una nueva sociedad a la que se incursiona, a la que se tiene que integrar, con el fin de ser aceptado, de estar a tono con patrones de belleza, parece absurdo y hasta el reflejo de rechazo –o complejo- de sus propias raíces.
Esto es penoso por dos partes. La primera, porque desgraciadamente muchos inmigrantes con rasgos étnicos marcados sienten que en tierras europeas los ven “raros” (el complejo de nuestras razas y una consecuencia más del racismo, sin duda alguna). Y la segunda -más penoso aún- que todavía por este continente hay miles de personas que no han aprendido a valorar y apreciar la belleza de otros grupos étnicos.
En este país, con una inmigración tan alta, quien se lo proponga aprende a disfrutar la mezcla de culturas y rasgos físicos que se encuentra uno por doquier.
Por citar un ejemplo, es tan enriquecedor observar la diversidad visual que se da en las calles entre “occidentales vestidos con ropa de tiendas de prestigio” y mujeres bolivianas, de una etnia cuyo nombre desconozco, que tienen rasgos diferentes.
Ellas, vestidas con trajes típicos de su tierra, largas faldas y blusones de gran colorido, cabello recogido en trenzas, cargando a sus niños en la espalda envueltos en sus rebozos, y ellos, los europeos, ataviados con una ropa moderna más occidental. Sin duda alguna, un deleite para muchos ojos; para otros quizá no tanto.
Pero ahora resulta que muchos latinos, aparte de venir a trabajar a países europeos para mejorar su nivel de vida, se ven orillados a descubrir que acá pueden (¿o deben?) “refinar la raza” y por eso dan cabida a modas banales, sacrificando uno de los valores más importantes que tienen sus raíces, como son los rasgos físicos.
Sin duda alguna, esto es una curiosidad más en el mundo de la inmigración.
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