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Chicago, EEUU - Sociedad
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Escrito por Alejandra López
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Miércoles, 10 de Marzo de 2010 08:59 |
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Más acertado no pudo ser que, previo al festejo del Día Internacional de la Mujer, en la ceremonia que cada año celebra la Academia de los Oscares, se galardonara a Kathryn Bigelow como la primera mujer que gana la estatuilla en la categoría de mejor directora, por la película "Zona de miedo", y que gracias a este reconocimiento que la sociedad nos ha otorgado, podemos ya nombrar nuestras profesiones femeninamente.
Esta sociedad, que por desgracia o fortuna ha sido dominada, desde que los seres humanos aparecieron en escena, por el género masculino, sin querer sonar muy feminista, el hombre ha sido quien ha decidido e impuesto un mundo en donde la mujer empieza a tener cabida.
Claro está que siempre lo ha tenido, en las sombras, en las cuatro paredes de un hogar, en la soledad de sus pensamientos y en la injusticia del abuso al cual son sometidas por ser consideradas, todavía en la actualidad, como seres de segunda clase.
Y las estadísticas nos dan la razón, cuando hoy en día las mujeres hemos demostrado que podemos realizar cualquier trabajo, aunque se ha puesto de manifiesto que mayoritariamente los hombres perciben más salario que las mujeres en el mismo puesto.
Según información del departamento de tendencias de empleo de la Organización Internacional del Trabajo, en palabras de Sara Elder, miembro de la OIT y principal autora del informe titulado “Las mujeres en el mercado de trabajo: medir el progreso e identificar los desafíos”: si bien hemos visto progresos en algunas áreas desde que se realizó la conferencia en Beijing, hace más de una década, y si bien más mujeres están eligiendo trabajar ahora que antes, las mujeres todavía no gozan de los mismos beneficios que los hombres en el mercado de trabajo.
De acuerdo con datos de la OIT, las mujeres ganan en promedio el 64 por ciento de lo que ganan los hombres. La brecha de ingresos es más acentuada entre las ocupadas en el sector informal (que perciben el equivalente al 52 por ciento de los ingresos masculinos) y las que tienen altos niveles de escolaridad. Los diferenciales salariales entre las mujeres también son más acentuados que los observados para los hombres en los distintos segmentos del empleo: las ocupadas en el sector informal ganan menos de la mitad (44 por ciento) que las que trabajan en el sector formal, mientras que este porcentaje alcanza a 65 por ciento en el caso de los hombres.
Y es que desgraciadamente se siguen suscitando casos, sobre todo en los lugares más pobres y humildes, donde la mujer debe permanecer en la casa porque ahí “pertenece” y donde, en contraste, el aumento de mujeres que son proveedoras en sus hogares en la actualidad, ha aumentado a consecuencia de diversos factores como la migración, madres solteras, factores económicos y otros aspectos.
En una sociedad en la que un sinónimo de mujer es debilidad y fortaleza es ser hombre, poco a poco nos ha costado el doble o hasta el triple de esfuerzo lograr ser tomadas en cuanta por igual en un mundo supuestamente civilizado.
En un tiempo en que los países de primer, segundo y hasta tercer mundo se siguen registrando muertes de mujeres por abuso doméstico, en donde el estar embarazada es motivo de despido, o simplemente no es apta para trabajar.
Qué ironía que el cuerpo de la mujer en esa metamorfosis extraordinaria que es la maternidad, pueda soportar cambios hormonales tremendos, y qué decir en el alumbramiento, en el que umbral del dolor seria para muchos hombres intolerable.
La mujer, es ese ser mágico y sensible, intuitivo y maternal por naturaleza, que simplemente es y forma parte de una sociedad que trabaja codo a codo por ser reconocida y alcanzar más independencia.
Qué lástima que tengamos que celebrar sólo un día al año el que estamos aquí presentes, que somos y existimos, y que enarbolemos la bandera de igualdad y tolerancia, y no simplemente lo dejemos en palabras.
Hay que poner un alto ya contra las agresiones que sufren día a día las mujeres alrededor del mundo, debido a que por desgracia esta situación está globalizada.
Una gran felicitación a cada una de las mujeres que ahí afuera hacen la diferencia.
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Monterrey, MÉXICO - Sociedad
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Escrito por Eulalio Guerra / Colaborador
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Lunes, 08 de Marzo de 2010 22:04 |
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Este domingo fue la octogésima segunda entrega del Óscar. Los productores prometieron una primera hora sorprendente y la realidad es que ni la primera, ni la segunda, ni la tercera, ¡ni la mitad de la cuarta lo fueron! Fue una ceremonia predecible, con pocos momentos espectaculares y otros muchos aburridos o tediosos que hicieron un espectáculo de más de las tres horas y media!
Con todo y Steve Martin y Alec Baldwin, como conductores principales, las expectativas hacia su desempeño eran mayores. Cumplieron “a secas”. La decepción para James Cameron fueron los tres Óscar que se llevó de los nueve por los que estaba nominada su película “Avatar”.
Lo bueno: Sin lugar a dudas los números musicales. El de apertura y el coreográfico que dio un toque vistoso y refrescante. El reconocimiento a las películas de horror que ofreció un collage rápido de lo más representativo de este género, junto con la parodia que hicieron Baldwin y Martin. Tal vez debieron poner algo de “Halloween” -y si lo hicieron, no lo percibí-. También el rigor de poner música y cortar micrófono a ganadores que se excedían en el discurso de agradecimiento, sólo a Jeff Bridges y Sandra Bullock no se les cortó. Y claro, lo más bueno: el que una mujer ganara por primera vez el Oscar como mejor directora: Kathy Bigelow por “The hurt locker”.
Lo malo: Deben reestructurar la ceremonia. No sé si lo que escriba sea una aberración, pero los premios a categorías como sonido, iluminación, edición y algunos más técnicos, debieran ser sacados de la ceremonia, hacerlos previos y así -por favor- hacer más fluida la ceremonia. Malo también haber quitado las canciones, sin lugar a dudas siempre es una oportunidad de escuchar los temas, aunque se hicieran en un popurrí y, por piedad, en la sección de “In memorian”, ¡no es posible que hayan omitido a Farrah Fawcett! Imperdonable el detalle, porque aunque no fue la estrella cinematográfica que pudo haber sido, sí realizo trabajos en el séptimo arte.
Ni fu ni fa: La inclusión de las estrellitas nuevas para la chaviza, desde Zac Efron (High School Musical) hasta los aulladores vampiros Kristen Stewart y Taylor Lautner. La primera más pálida que parece adicionara para cuando hagan la película de aquella muchacha que estuvo encerrada toda su vida por su padre que a su vez era su abuelo. Y el segundo con una cara rara que parece no le quitaron el maquillaje para parecer o ser lobezno. Lo siento, si fuera puberto de 18 años, igual estaría feliz de verlos, pero para mí ¡poco significan!
Lo único que sigue siendo atrayente para casi todos los espectadores es la famosa alfombra roja, en la que vemos los “modelitos” que tanto hombres como mujeres pasean ante miles de fotógrafos y cámaras de todo el mundo. Yo rescataré del baúl de los recuerdos unos lentes con mica azul que tengo casi iguales a los de Robert Downey Jr. Sigue habiendo actrices que apuestan por lo arriesgado, como la hermosa Charlize Teron que traía un vestido con dos repollos (ni siquiera grandes y frondosos) en los senos. Sin lugar a dudas Jennifer López sigue siendo una referencia de elegancia, clase y distinción en estos eventos; siempre impecablemente vestida.
Para empezar, los cuatro premios de actuación ya estaban más que “cantados” desde que empezó la temporada de premios, Mo´Nique por la malvada madre en “Precious” y Christoph Waltz, por el oficial nazi despiadado en “Inglorious bastard”, ganaron en la categoría de actor de soporte; Jeff Brigdes, en su papel de cantante alcohólico en “Crazy heart” y Sandra Bullock en el rol de madre adoptiva de un jugador de futbol americano de raza negra en “The blind side” por los mejores actores.
Si acaso en esta terna todavía cabían algunas dudas (para algunos super fans de Meryl Streep ¡como yo!) había una esperanza escondida que ganara el premio por su fabulosa actuación en “Julie & Julia”, pero no fue así. Sólo recordando que el “Golden globe” de este año lo recibió ella y no Sandra. Además que lleva ya 16 nominaciones, nadie más tiene ese récord en los premios de la Academia.
 Los conductores Steve Martin y Alec Baldwin, creo, fueron desperdiciados, pues aunque trataron de ser simpáticos y arrancar sonrisas y carcajadas, en algunas ocasiones no lo lograron y en otras ni tiempo tuvieron. En el arranque tuvieron buen desempeño y luego se disolvieron.
John Travolta presentó una película y la verdad lo tuvieron que enfocar de lejitos y con poca luz, porque el señor no iba adecuadamente vestido para el evento. ¡La verdad yo ni lo hubiera pasado!
La dinámica de presentaciones de ganadores cambió. En los actores de reparto no hubo presentación individual por otros ganadores o compañeros, como lo hicieron el año pasado y que gustó mucho, sólo se dio esto en los actores principales y fue por compañeros no por ganadores previos en la misma categoría. Lo emotivo fueron los discursos de Sandra, Jeff y ahora la primera directora ganadora Kathryn Bigelow.
En resumen, ya se terminaron las premiaciones cinematográficas y como sea nos sirvió para olvidarnos un rato de todas las tragedias y tristezas que se viven a diario en este país. Ahora vendrá el máximo evento deportivo futbolero, o sea la Copa Mundial de Futbol, que se inaugurará en casi tres meses.
Hoy que escribo esto es el Día Internacional de la Mujer, así que aprovecho para felicitarlas y que no sea sólo un día sino todos. El premio de Bigelow, ayer, como mejor directora, es un reconocimiento que ya hacía falta para todo el género.
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Bruselas, BÉLGICA - Sociedad
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Escrito por Paola Díaz
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Lunes, 08 de Marzo de 2010 00:32 |
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Hoy es Día Internacional de la Mujer. Debo reconocer que no soy muy afecta a festejarlo y que el sólo hecho de pensar en un día de la mujer se me hace absurdo y sin sentido. Pero antes de que me linchen o me tachen de insensible o algo peor, permítanme explicarles por qué he llegado a la conclusión de que no hay nada qué celebrar.
Las mujeres lo queremos todo: que nuestra opinión sea tomada en cuenta tanto como la de cualquier hombre; que nuestros salarios sean iguales a los de los hombres por el mismo trabajo realizado; que las responsabilidades familiares también sean repartidas con equidad; que se nos deje de considerar como "el sexo débil", y una gran lista de etcéteras. Pero a la vez queremos seguir sintiéndonos especiales, divinas y únicas.
Pero ¿acaso nuestras peticiones no se contraponen?
El origen de la celebración de este día es conmemorar varios hechos de relevancia histórica, protagonizados por mujeres que en su momento lucharon por obtener voz cuando la sociedad carecía de oídos.
Mujeres que debido a su contexto social tenían poca o nula presencia en aspectos de su vida diaria. Mujeres que no tenían libertad de decisión, ni siquiera sobre su propio cuerpo y que eran vistas como parte de la propiedad de los hombres a su alrededor, ya fueran sus padres o sus maridos.
Y sí, de acuerdo. Se han hecho muchas cosas en el terreno femenino para ir terminando poco a poco con esas diferencias y obtener el reconocimiento de que nuestro intelecto, habilidades y capacidades están a la altura de las de cualquier hombre, y que por lo tanto no tiene por qué haber distinción entre una y otro, salvo - por supuesto- las innegables diferencias que nuestra propia biología determina.
Sin embargo, ¿el celebrar un día de la mujer, no nos hace remarcar esa diferencia que con tanto ahínco queremos borrar? Es como mostrar con orgullo esa cicatriz que deseamos por todos medios eliminar.
Pero esa razón no es la única que me hace pensar en lo absurdo de este festejo. Hay otras razones que están ahí, a simple vista para el que las quiera ver todos los días, a nuestro alcance y disposición que no hay celebración que ayude a cambiarlo.
En África y algunos países alrededor del mundo, hay millones de niñas que no alcanzan a tener la edad suficiente para disponer ni siquiera del disfrute de la libertad sexual a la que todas tenemos derecho. En India, por ejemplo, es tradición que la mujer sea tratada como moneda corriente para preservar un patrimonio familiar, en el que ella no tiene derecho ni siquiera a elegir al compañero de su vida y futuro padre de sus hijos.
¿Qué esos países no están lo suficientemente cerca como para crearnos impacto en la conciencia? ¿Qué les parece si nos vamos a México y mencionamos a las miles de mujeres desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez? O ¿qué tal si revisamos la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH)? Y qué les decimos a las niñas indígenas que son vendidas como sirvientas o esclavas sexuales?
Esta celebración más que eso, debería ser un día de reflexión, un día de guarda. ¿O cómo podemos festejar hechos que sucedieron ya hace un siglo, cuando hoy seguimos viviendo ante tanta desigualdad e injusticia? ¿De qué sirve recibir una flor, un chocolate o una felicitación, cuando nos conformamos con ser reconocidas un sólo día e ignoradas el resto del año?
El día que se alcance una verdadera igualdad de género y un equilibrio social real, no habrá necesidad de un Día Internacional de la Mujer.
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Däniken, SUIZA - Sociedad
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Escrito por Angela Monte
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Domingo, 07 de Marzo de 2010 08:49 |
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No es desconocido que, desde hace algunos años, el Estado de Nuevo León ha sido tomado por los narcotraficantes de cualquier bando, como un centro importante de sus operaciones y/o motivo de disputa entre ellos.
 Hace aproximadamente un año, luego de un largo compás de espera por parte de las autoridades federales e ignorando por completo a la autoridad estatal (entonces gobernador Natividad González Parás), se decidió la implementación de las primeras medidas militarizadas.
Comenzaron con inocentes convoyes de revisión automovilística en las principales avenidas, pero los resultados no fueron nada alentadores, pues la violencia del narco se burlaba de ello con más críminalidad en su propia nariz.
Tuvieron que pasar meses para que el Ejército Mexicano incidiera con tácticas estratégicas en los puntos más vulnerables y lograr una que otra detención de los principales brazos ejecutores de los cárteles asignados a ese estado.
La carnicería no se hizo esperar, la reestructuración del organigrama criminalístico hizo rodar muchas cabezas –literalmente hablando, también- y salió a la luz mucha porquería que puso en evidencia las corruptelas de la relación narco-política.
Cuerpos decapitados, narcomantas, balaceras, secuestros, robos a mano armada, muertes inocentes, ajustes de cuentas entre los mismos narcotraficantes y muchas “perlas” más, es el pan nuestro de cada día en la Sultana del Norte.
Ninguna autoridad policial se ha escapado de la corrupción y el alineamiento con el narco, hasta tal punto que incluso ha habido enfrentamientos públicos entre ellos mismos con armas oficiales en mano. El colmo del cinismo sucedió en los últimos días, una persona secuestrada escapó de sus captores y pidió auxilio a policías municipales que lo entregaron de vuelta a los criminales.
En medio de esta tierra de nadie, en la que ahora se ha convertido mi terruño, pareciera que el narcotráfico lleva la delantera. Hace unos días un grupo armado atacó con granadas sedes policíacas de los principales municipios rurales en los que operaba. El resultado es el abandono de sus puestos de policías y empleados de estas dependencias, dejando a sus conciudadanos a merced de los criminales. Algunas oficinas hasta sellaron sus puertas y ventanas con blocks de concreto para protegerse, ante la amenaza de nuevos ataques.
Los efectos colaterales de toda esta vorágine provocada por el narco se dejan ver en los criminales menores: los raterillos, asaltantes callejeros, robacoches y robos en casa-habitación, que hacen su agosto bajo el amparo de las corporaciones corruptas que no prestan atención a tales “nimiedades”. Y, si lo hacen, se dan el lujo de cobrar por “agilizar” las investigaciones. ¡Qué poca vergüenza!
 Pero cuando se pensaba que las cosas no podían ir peor, el Ejército Mexicano también sucumbió a la corrupción. Ahora son los elementos de la Secretaría de la Marina quienes patrullan desde hace unos días las calles del centro regiomontano, conocido como Barrio Antiguo.
Del orgullo regio que tanto era criticado por el resto de México, hoy no queda nada. No queda nada de aquella cuna industrial y de negocios, próspera y trabajadora. La gente -mi gente- tiene miedo de salir a la calle, de vestir ropa bonita, de usar sus coches, de ir al banco o a los cajeros automáticos, de salir a divertirse, incluso hasta de subirse a un camión urbano.
Pero no sólo es Nuevo León, es el país entero envuelto en una maraña sin pies ni cabeza, un pueblo desesperanzado que ya no cree en nadie y se cuida hasta de su sombra. ¡Y todavía hay quien se indigne y cree polémica porque Javier Aguirre llamó “jodido” a México! ¿Será que no encontró un calificativo peor? ¿Hasta cuándo se verá la luz al final del túnel? Preguntas para el infinito.
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